viernes, 12 de febrero de 2010

Manuel Groso (sic) y su taller de cerrajería

Comienzo una nueva serie, otra vez de facturas puras y duras. En esta historia de Sevilla a través de imágenes olvidadas, y, por qué no, menospreciadas también, vuelvo a esas facturas que me permiten indagar y mostrar aspectos inéditos o poco conocidos de la ciudad en la segunda mitad del siglo XIX, cuando en ella se asentaron los Duques de Montpensier. A través de los documentos conservados en su Archivo, y teniendo como soporte este instrumento digital, intento presentar esa historia, fundamentalmente visual, con el objetivo de dar a conocer aspectos desconocidos e invitar a los que puedan estar interesados en profundizar en esos temas.

Esta serie que inicio ahora se la voy a dedicar a los fundadores de la saga de los Grosso, que cuenta con tantos nombres insignes para nuestra ciudad. Desde el primer momento me llamó la atención la asiduidad con que encontraba facturas y documentos procedentes de este empresario llamado Manuel Grosso. Desde el asentamiento inicial de los Duques en Sevilla hasta incluso después de que la familia Orleans-Borbón hubiera abandonado la ciudad. Seguramente superan el millar los documentos existentes en el Archivo, pero no sólo de facturas, sino de proyectos y dibujos de sus trabajos, que dejan constancia de una labor técnica y, también, artística muy importante, que, a mi parecer, no ha sido suficientemente estudiada. Por eso decía al principio que es una invitación a profundizar en este tema porque el material virgen existente en el Archivo es muy interesante y merecedor de un estudio adecuado.

Pero lo que me sorprendió, aunque tardé tiempo en darme cuenta, es que existían dos firmas empresariales, una como Groso y otra como Grosso. Suenan igual pero esa pequeña diferencia en la escritura podía significar mucho. Tanto que, incluso después de advertirlo, pensé que podía haber sido un error en la impresión de una factura y que el empresario no se molestaría en devolverlas. Algo así como lo que creo le pasó a Dª Letizia, con la "c" de su nombre. No sería la primera vez tampoco.

Sólo que al reunir toda la documentación disponible en el Archivo esa explicación no era muy creible. Había una separación clara en el tiempo (Groso hasta 1870, y desde entonces Grosso) y, sobre todo, en el carácter de la empresa para echar mano del azar en ese cambio de nombre. Más lógico era un relevo generacional de padre a hijo para explicar esa dualidad de firmas.

Así que voy a presentar la documentación de que dispongo y a justificar mis deducciones. Comienzo con las facturas manuscritas de los primeros tiempos de asentamiento de los Duques de Montpensier en Sevilla, cuando ya habían adquirido el viejo caserón de San Telmo y se disponen a adaptarlo a su nueva función palaciega. Entre ese tropel de profesionales y empresarios que trabajan para los Duques uno más es D. Manuel Groso. Posee un taller de cerrajería y realiza numerosos encargos para el Palacio. Su firma aparece en esos primeros documentos, no impresos sino escritos a mano, como éstos que presento. En ellos, no hay duda, de su propia mano escribe "Groso" y de la misma forma, por tanto, más tarde se transcribiría así en sus facturas impresas. No había ningún error, sería únicamente la lógica adaptación fonética de un nombre que sonaba así.

Esta primera factura que ofrezco es del 30 de noviembre de 1849 y la he elegido por ser la primera que tengo registrada de este empresario. Es un largo listado de arreglos que ha ejecutado en el palacio de San Telmo, en los primeros momentos de adecuación de aquel viejo edificio a las nuevas funciones que sus recientes propietarios le querían dar. Es un pliego de papel, doblado por la mitad en cuatro caras. Presento aquí a la derecha la primera cara del pliego donde está el encabezamiento de la factura.


Y ésta es la última cara del pliego, donde está la firma del Sr. Groso.



Esta segunda factura corresponde al arreglo e instalación de la verja del Palacio, del 31 de agosto de 1850, y la traigo por su valor simbólico.



En el Archivo están también, por ejemplo, los dibujos para las garitas del servicio de guardia del citado recinto, encargadas al Sr. Groso. En el libro de la Fundación Focus La Sevilla de los Montpensier ya fueron publicados, y a él, por tanto, me remito.