lunes, 8 de junio de 2009

El Almacen de Madera de D. Ramón Piñal

Vuelvo a D. Ramón Piñal Martínez después de haber repasado las facturas que salieron de su imprenta de "El Porvenir".
En los años 60 debió iniciar una nueva aventura empresarial en el sector de la madera. Así nos consta por esta primera factura que presento, del año 1865. Lo interesante es la ubicación en la calle de Segura, pero añadiendo "Alamedilla de la Puerta de Triana", una zona que está transformándose por efecto del Puente de Triana y la apertura de la calle Adriano.



Del mismo año es la segunda factura, pero el domicilio, debido seguramente a la adaptación urbana de esta zona, lleva el nombre de Reyes Católicos, y aclara "frente al Puente". Un detalle que debemos observar es la firma, porque nos servirá para identificar el momento en que el negocio se lo ceda a su hijo. Los dos se llaman Ramón Piñal y pueden confundirse, aunque éste añadirá "y Alba" para evitarlo.



Son dos facturas típicas de las que clasifico como modelos de estricta contabilidad. Son sencillas, con un encabezamiento más o menos adornado (casi siempre poco, en este modelo de factura), en el que constan los datos del nombre de la empresa, propietario y domicilio, y poco más. Nada tiene que ver con otros modelos que he presentado anteriormente en los que se intenta dar un sello de marca representativo, que llame la atención. Algo así como un pre-cartel, que sería el caso de las de White, Bonaplata o la Cartuja de Sevilla, con imágenes fáciles de recordar y asociar a la empresa. En definitiva, son muy visuales, como luego pretenderá hacer el cartel publicitario. Un tercer modelo de factura, como las que ya he presentado de Lastortres o Calvi, son las muestrario, en las que se facilitan la lista de productos o servicios que ofertan, a veces incluso con dibujos de los mismos.

domingo, 7 de junio de 2009

Cahill, White y Beck



Aprovecho esta entrada para presentar una factura del año 1848 de "Cahill, White y Beck" que puede servirnos para comprobar lo que ha cambiado en la Sevilla de mediados del siglo XIX, sólo con compararla con la de White de 1854. Seis años distan entre la rudeza y torpeza de una y la elegancia y cuidado de la otra. Por eso puede ser todo un símbolo, bien representativo, de cómo está surgiendo una nueva clase empresarial. De este "Almacén General de Madera, Hierro y otros" (curioso el hecho de que al imprimir la factura parece que no sabían de qué iba a ser el almacén y lo dejan en blanco para rellenar a mano) surgirá la "Fundición de White", que ya hemos visto, y el "Almacén General de Maderas" de D. Lucas Beck, empresa que, por cierto, tiene otra factura magnífica, fechada en 1854, el mismo año de la de su antiguo socio White.
Es significativo observar el trabajo de la imprenta y comprobar que las tres primeras letras de White no están bien alineadas, algo inaceptable para cualquier empresa que se precie, o que es almacen de madera e hierro y vende .... carbón. Pero aquí están las semillas de lo que muy pronto van a ser nuevas e importantes empresas.
Otro dato puedo aportar en este mundo de facturas. En el Archivo también hay muchas procedentes de Cádiz con las que podemos compararlas. Las de esta ciudad demuestran la importancia de la tradición comercial gaditana y, las de estos años de mediados del siglo XIX, tienen una calidad muy superior a las de Sevilla. Incluso comercios de pequeñas poblaciones, como el Puerto de Santa María (donde los Duques de Montpensier pasaron su primer verano), encargan sus facturas a imprentas de la capital y sorprenden por su diseño y confección.

sábado, 6 de junio de 2009

S. White y Compañía, 1854



Creo que esta es una de las joyas que puedo presentar en este blog, similar a la factura de D. Narciso Bonaplata (ver una entrada anterior), pero con el valor de ser inédita, o, por lo menos, no he sido capaz de encontrar ninguna referencia sobre ella.
Y además es valiosa no sólo por su diseño y trabajo, sino por su valor histórico como testimonio de una determinada actividad industrial en nuestra ciudad: la siderurgia, vanguardia de una incipiente revolución industrial, y también porque prueba, con el servicio que se factura (la compostura de una máquina de vapor), esa nueva mentalidad que está penetrando en nuestra ciudad, capaz de aplicar la máquina de vapor al riego de los jardines y huertas de San Telmo, es decir, la revolución industrial al servicio de la agricultura.
La factura está fechada en 1854 y es la única existente en el Archivo. Debió, por tanto, de realizarse en ese año o el anterior, como mucho.
Lo primero que llama la atención es su cuidado diseño, muy bien trabajado, fusionando a la perfección el motivo ornamental con el tipográfico, adaptando éste al espacio que aquél le abre, con el uso de bien escogidos tipos. Un repaso visual no nos deja dudas sobre su elegancia y exquisitez, casi parece más propia de una tienda de lujo o grandes almacenes que de una Fundición, diría yo.
Pero lo que me llamó la atención inmediatamente es que está firmada: “Grabó R. Mercier”, en la misma caja del dibujo (en la parte de abajo, a la derecha, y al otro lado, a la izquierda, “Litogª del Porvenir”). Me parece que es suficientemente significativo este hecho, porque nos indica que no se trata de un encargo rutinario, para la actividad comercial, es algo mucho más importante. Por eso se debió de contratar a alguien expresamente, quien además firma como si fuera un grabado y reconoce, de esta forma, orgullosamente, su paternidad. Lástima no haber podido encontrar nada sobre R. Mercier, lo único que puedo decir de él es que, a la vez que hizo este diseño, realizó el de la propia imprenta, como ya he precisado en la entrada correspondiente. Las dos facturas, aunque muy distintas, tienen un estilo similar.
Seguramente confluyen en este hecho de la firma dos circunstancias. Por un lado la innovación que significa la litografía frente al trabajo tradicional de la tipografía de las viejas imprentas. Se trata de algo nuevo que no está al alcance de cualquiera, por eso el Sr. Piñal, propietario de la imprenta y, a su vez, inteligente empresario, y el Sr. White, dueño de la empresa que encarga la factura, contratan a quien mejor puede hacer el trabajo. Por otro lado, esa recién constituida nueva Fundición tiene que competir con la consolidada y prestigiada de D. Narciso Bonaplata que tiene un modelo de factura muy significativa. Son empresarios sagaces y se dan cuenta que, en estos nuevos tiempos, hay que saber vender el producto. La factura cumple así un doble papel, por un lado, como documento contable y, por otro, como recipiente de la marca o enseña de la empresa. Por eso no es de extrañar que en estos años cincuenta del siglo XIX se diseñaran algunas que se han convertido en emblemáticas de la ciudad de Sevilla. Basta recordar la de la Cartuja de Pickman o la mencionada de Bonaplata, ambas recogidas en entradas anteriores.
Ésta que nos ocupa, la de los “S. White y Compañía”, a pesar de su elegancia y delicado diseño, una auténtica maravilla, sin lugar a dudas, no debió satisfacer a la empresa y, muy pronto, se buscó otro diseño, tal vez menos lujoso pero si más comercial, semejante ahora al de la Cartuja de Pickman. Se trata de una vista de Sevilla desde, más o menos, la actual calle Betis. Es otra pequeña joya, pero al formarse pronto la nueva empresa “Portilla Hermanos y White” tuvo muy poca vigencia y sólo conservamos un ejemplar en el Archivo, además con pequeñas manchas. En su momento la mostraré, porque está relacionado con otro taller de litografía, el del Sr. Carlos Santigosa, del que quiero presentar varias cosas muy interesantes.

sábado, 30 de mayo de 2009

Otra factura confeccionada por "El Porvenir"



Es otra muestra de esta labor impresora en los talleres de "El Porvenir", y si la he dejado aparte es sólo por continuar el capítulo con el que comencé este blog: las pastelerías y fondas. Entonces la factura más antigua que había encontrado fue una del Sr. Delage en la calle Cuna, de 1861. Posteriormente he hallado otras anteriores que ya iré incluyendo, pero ahora aprovecho la ocasión para presentar ésta que completa una significativa muestra de la labor diseñadora de "El Porvenir".
La factura está mal escuadrada, por eso aparece torcida, pero es algo muy frecuente entre las de estos años 50, porque en las posteriores el procedimiento mecánico debió mejorar bastante y ya es más raro este defecto.
Es la Fonda, Pastelería y Nevería del Suizo, de la que ya presenté otra posterior, de 1863. En ésta parece que tiene más importancia la fonda, mientras que en aquella era la pastelería.

viernes, 29 de mayo de 2009

Las otras facturas de "El Porvenir"

Como ya he explicado en la entrada anterior el negocio del periódico, a mediados del siglo XIX, no era rentable económicamente y por este motivo sus talleres eran utilizados para otros servicios que pudieran compensar las pérdidas. El diario "El Porvenir" de D. Ramón Piñal Martínez no era una excepción, a pesar de que fuera el de mayor difusión en la ciudad de Sevilla.
En dos facturas anteriores de suscripción a "El Porvenir" hemos podido comprobar cuáles eran esos otros productos y servicios que ofrecía. También hemos visto ya una factura confeccionada por estos talleres en una entrada anterior, concretamente la de la tienda de sombreros de Sánchez y Compañía de la Campana. Vamos a ver ahora otras.
La primera es la Fábrica de tejidos de seda de Manuel del Castillo, de 1853. La imprenta se puede ver sobre la columna de los precios en una letra minúscula.



Una segunda factura de esta imprenta es la de un relojero francés establecido en la Plaza del Salvador, Alberto Galloy, del año 1854.



Y una tercera muestra ya no es una factura, es un anuncio de un espectáculo o atracción circense, que puede fecharse en el año 1858.

jueves, 28 de mayo de 2009

"El Porvenir" y Ramón Piñal



Iniciada la aventura político-empresarial en el ámbito de la prensa, su segundo objetivo será el diario más importante de Sevilla: "El Porvenir". Así en el año 1850 adquiere todos los derechos sobre este diario, incluida toda la maquinaria de su imprenta. El negocio periodístico no era, a mediados del siglo XIX, un negocio rentable, por lo que se hacía necesario doblarlo con el servicio tipográfico de la labor impresora y de la venta de papel, como podemos leer en el margen de la factura. La sede del periódico se encuentra situada entonces en la calle Sierpes, número 13. A la vez en esta factura comprobamos que también publica el Boletín Oficial (de la Provincia) y de Fincas del Estado, que hace, según hemos leido en el estudio de D. Francisco Aguilar Piñal, asociado con D. José Saavedra, a quien le había vendido la cabecera de el "Faro del Comercio".



En 1854 fácilmente se puede comprobar la mejora en las técnicas litográficas utilizadas. La factura tiene un elegante diseño lejano del sencillo de la de 1851. Sólo han pasado tres años, pero el espíritu empresarial del Sr. Piñal se nota hasta en estos detalles.



Nota: Despues de hacer esta entrada y en una visita rutinaria que hice para recordar un detalle, he descubierto algo en esta factura que me había pasado inadvertido tanto al catalogarla en el Archivo como al escanearla y eso que lo hago siempre con muchísimo cuidado. Los milagros de las tecnologías. Al ampliar la imagen se puede ver, abajo a la izquierda, tapado por un número escrito en la época de la factura: "Lo grabo R. Mercier". Al otro lado, en la derecha y también abajo, casi oculto por la firma, "Litª del Porvenir".

En ese mismo año también se produce el traslado al número 113 de la misma calle Sierpes.



Un último detalle a destacar es la continuidad en la aventura empresarial del periódico de D. Rafael Góngora y Martínez, al que hemos visto firmar desde el "Faro del Comercio" hasta esta última factura de "El Porvenir". ¿Sería hermano de D. Manuel de Góngora y Martínez, el padre de la arqueología andaluza? Por las fechas y la identidad de apellidos no sería extraño. Ahí dejo la pregunta.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Ramón Piñal Martínez

Gracias a distintos trabajos que he podido leer en la red he logrado deshacer un nudo que tenía con un personaje que firmaba en unos sitios como "Ramón Piñal" y en otros como "Ramón Piñal y Alba". Son padre e hijo y los dos son activos y prósperos hombres de negocios, y, además, con negocios muy diversificados, prueba de los nuevos tiempos que corren: compra-venta de tierras desamortizadas, imprenta, prensa, almacenes de madera, instalación eléctrica, etc.
Comencemos con el padre: Ramón Piñal Martínez, que firma sólo con su primer apellido, de ahí las dudas que tuve al desconocer totalmente los datos de esta familia.
De origen montañés, es decir, de Santander, como tantos otros en esta ciudad, había nacido en 1811, en el seno de una familia de comerciantes. En 1836 contrajo matrimonio con Mª Dolores Alba. Su vida laboral se inició con un negocio de tejidos, pero su éxito debió de llegar con la compra-venta de bienes desamortizados. La época que le tocó vivir fue ideal para un hombre joven, atrevido, con iniciativa e inteligencia. Son los nuevos tiempos de la revolución burguesa y liberal en una Sevilla que se sacude poco a poco el polvo de la Historia. La Sevilla de las nuevas oportunidades para aquellos que no dudan en arriesgar. El colofón de estos negocios debió de ser el proyecto inmobiliario de la recien creada Plaza Nueva, en el que participa como principal promotor.
Pero si ése el el remate de su carrera como hombre de negocios, su complemento es la entrada en el mundo de la comunicación (prensa), tan importante en los nuevos tiempos que corren. Como burgués es liberal y, por las tendencias de sus periódicos, un progresista moderado, consciente de que es a través de ese medio como se puede defender sus ideas sin recurrir a la violencia. Es la nueva forma de hacer opinión, de crear los medios para que las nuevas formas políticas puedan echar raíces.
De esta forma en 1849 se hace con la propiedad del "Faro del Comercio". En este recibo de suscripción, de 1850, primero que hemos encontrado en el Archivo, ya figura su firma.



Aunque de 1849 he encontrado este recibo del "Diario de Sevilla". Desconozco si son diarios de empresas diferentes o de una misma.