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martes, 1 de diciembre de 2009

Calle Sierpes: Abanicos, sombrillas, ... (1)

He dudado mucho el contenido de esta nueva serie. Quería dedicársela a la calle Sierpes, esto si lo tenía claro, pero no el tipo de comercio. Al final he elegido éste de "Abanicos, Sombrillas y Paraguas" porque es el que tiene más unidad y demuestra mejor el carácter de esta calle donde se concentraba este tipo de comercio de lujo y, además, me ofrecía la posibilidad de tocar algunos aspectos interesantes que iré desgranando a lo largo de estas seis entradas.

Muy bien podría haber llamado a esta serie la "Prehistoria de la Casa Rubio", la tienda de abanicos tan emblemática en esta calle durante el siglo XX. Según he leido se estableció en esta calle en 1853, pero no la identifico entre las facturas de esos años guardadas en el Archivo. El predecesor de ese establecimiento es el de Colomina y esta tienda no la tengo localizada con su factura correspondiente hasta la década de 1870.

Pero en los años 50 hay varias tiendas muy interesantes que son las que voy a presentar en ésta y en la siguiente entrada: la de Vides y Terán, la de La Juvenil y la de La Unión.

La primera en el tiempo es ésta de Francisco Vides y Terán, de fecha 25 de agosto de 1852, aunque hay que aclarar que antes de esta fecha ya existen facturas manuscritas de este empresario. Algo habitual en estos años de mediados de siglo, como ya se ha explicado en anteriores entradas. Y también, como en otros casos anteriores, ésta primera se confecciona en el taller litográfico de D. Carlos Santigosa que, en esas fechas debía estar situado en la misma calle Sierpes, en el número 81. Este litógrafo es el introductor de dicha técnica en el campo de los impresos comerciales, como este de las facturas, aunque también es editor de libros, periódicos y álbumes litográficos. El nombre aparece debajo de la viñeta, a la derecha, encima del cuadrante destinado a detallar los productos vendidos. Firma "Lit. Santigosa".
La tienda estaba entonces situada en el número 39, y lo hago notar porque en posteriores facturas cambiará de número.



La segunda factura es la de La Juvenil, aunque no lo sea en el tiempo, porque entre una y otra está fechada la que presentaré en la siguiente entrada. Estaba situada muy cerca de la de Vides, justo en el número 32. Y aunque no figure el nombre del propietario, quien firma el "recibí" es D. Manuel Ortiz que pudiera ser el dueño, por otros documentos que conozco, aunque no tengo seguridad.



Pero lo que quiero destacar es la diferencia entre las dos facturas. La primera confeccionada con las nuevas técnicas litográficas y la segunda con el rancio estilo de la tipografía de las viejas imprentas. Parece que el nombre de la segunda le debiera corresponder a la primera que es la que se adapta a los nuevos tiempos que corren, con una imagen agradable, que entra fácilmente por los ojos y que hará reconocible la marca comercial a simple vista, como si fuera un cartel publicitario.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Calle Sierpes: Abanicos, sombrillas, ... (2)

El tercer establecimiento de este género es "La Unión" de Enrique Menacho, en la calle Sierpes, número 76. Es de 1854, pero al igual que con Vides y Terán existen otras facturas anteriores hechas a mano, con su nombre. También utiliza los servicios del litógrafo Santigosa para la confección del documento. El nombre del impresor figura, en letra muy pequeña, debajo de la viñeta, donde comienza la caja de la factura, en el margen superior izquierdo: "Lit. C. Santigosa. Sevilla".

Al igual que había hecho el impresor con la de Vides, ésta también se aparta del modelo de las viejas imprentas y toma un sello y porte muy atractivo y llamativo. Conjuga perfectamente los tipos de letras, las curvaturas de las palabras y los adornos para destacar lo esencial de la razón comercial. Son los nuevos tiempos en los que ya asoma la publicidad y el mensaje visual.



Esta es la segunda de la misma tienda y presenta diferencias significativas. Es de 1858 y no figura la empresa litográfica, aunque parece respetarse el estilo de la anterior, pero muy simplificado. Ha cambiado el nombre, ahora se llama "Pasaje de la Unión", y aparece en grandes letras el del propietario, Enrique Menacho, destacando en tinta negra sobre el resto. Da la sensación que el negocio debe marchar bastante bien e, incluso, se ha ampliado con joyería y bisutería. Sospecho que, como su rival Vides, quiere dejar constancia de que lo importante es él y no el nombre de la tienda.



En resumen, a traves de estas facturas podemos ver como en la década de 1850 hay una proliferación de este tipo de comercio de lujo o semi-lujo, tomando como eje la concurrida calle Sierpes. Una de ellas bien pudo ser el antecedente de la Casa Rubio del siglo XX, porque en las referencias que he encontrado sobre este comercio se dice que desde 1853 había habido una continuidad del negocio, aunque con distintos nombres. Por las facturas que tengo fichadas no puedo discernir cuál pudo ser ese antecedente. La de Vides y Terán la descarto porque convivirá posteriormente con la tienda de Colomina y Domínguez que sí es un antecedente claro, según D. Nicolás Salas, de la Casa Rubio. De las otras dos no se por cual inclinarme, porque la de Enrique Menacho tiene facturas escritas a mano anteriores a esa fecha.
Es un interrogante que no puedo resolver. Lo dejo así sobre la pantalla del ordenador.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Calle Sierpes: Abanicos, sombrillas, ... (3)

En los años de la década de 1860, si juzgamos por las compras de los Duques, sólo se mantenía esta tienda de las tres que existían en la década anterior. De las otras dos ya no se conservan facturas y de Vides y Terán hay muchas, en cambio. Además la tienda se ha ampliado ocupando el número 40 de la calle Sierpes, junto al 39 que ya tenía en las facturas anteriores.

A esta importancia que ha tomado se puede deber el encargo de un nuevo modelo de factura que, manteniendo el estilo de la anterior, la mejora sustancialmente. Fue realizada también en el mismo taller litográfico de D. Carlos Santigosa.



Es un momento adecuado para examinar la labor de éste taller litográfico. Me gustaría dedicarle con exclusividad una serie a sus facturas, de las que ya llevo presentadas unas cuantas. Cuando no sabía ni qué era este mundo de la contabilidad comercial, daba siempre la casualidad de que las facturas que me llamaban la atención solían poner en algún lado el nombre de Santigosa. Por este motivo comencé a interesarme por saber quién era y a recoger cuanta información podía encontrar.

En esta entrada podemos comparar dos creaciones propias separadas por una distancia de, más o menos, diez años. Tiempo suficiente para reconocer cómo ha cambiado el lenguaje visual utilizando las nuevas posibilidades que ofrecía la litografía aplicada a este campo de la literatura comercial.

Por lo que he podido leer me parece que su taller litográfico lo creó en 1849, aunque ya desde 1847 tenía una imprenta en la calle Sierpes, en el número 81, según reza en una de las muchas facturas del Archivo. En 1852 está fechada la del Sr. Vides y Terán que ofrecí en la primera entrada de esta serie, es, por lo tanto, una de las primeras que realiza con técnicas litográficas y se nota que todavía está muy impregnada de elementos propios de la tipografía de las viejas imprentas.

Podemos ver las diferencias entre una y otra, la de 1852, primera entrada de esta serie, y la de 1862, que es la de esta entrada. En la primera, 1852, el motivo central, es decir el bouquet de flores, es un acierto para colocar el nombre del propietario en una cinta plegada en dos dobleces, aunque deja fuera el resto de la información que se tiene que integrar mediante un delicado juego de líneas propias de la caligrafía de las imprentas. Por cierto que D. Carlos Santigosa Gaspar escribió un libro que se titulaba El pendolista universal, una especie de tratado de caligrafía para imprentas, en el que nos demuestra su capacidad para este refinado arte. Desde luego es evidente como logra integrar todos los elementos visuales de la factura con ese juego de filigranas derivadas de la caligrafía.

Otro acierto son esas panoplias laterales en las que las armas blancas (espadas, alabardas) y de fuego (escopetas, fusiles) se han sustituido por sombrillas, paraguas y bastones. Una forma visual de mostrar el producto sin necesidad de alardear con él. O si se quiere una forma de visualizar los nuevos tiempos: el viejo símbolo del señor de "horca y cuchillo", su panoplia de armas, lleno ahora de los símbolos del burgués, paraguas y bastones.

En la de 1862 se respetan estos aciertos y se mejoran. El bouquet de flores se ha ampliado, ocupando más espacio, y se han diversificado sus ejemplares. Se nota ya perfectamente la delicadeza del trabajo litográfico, la suavidad de los contrastes entre unas y otras flores y hojas, que en la anterior era todavía algo rudo. Además, con esta ampliación del ramo central, se logra integrar todo el el mensaje escrito (propietario, domicilio, ciudad, ...) en el cuerpo central y desaparecen los adornos caligráficos de la de 1852.

Otra novedad es el rótulo superior. En la de 1852 utiliza una curva simple, mientras que en la de 1862 utiliza una suave ondulación, exactamente igual que había hecho en la primera factura de La Unión (entrada anterior). Se consigue así dar mayor dinamismo al aspecto general de la factura.

De la calidad del diseño es buena prueba el que se mantenga durante treinta años con pequeñas variaciones, y que algunos elementos se hayan conservados como emblemas posteriores.

Para mi sólo un reparo. Siendo una tienda de Abanicos, Sombrillas, Paraguas, por qué un producto tan plástico, tan atractivo y tan representativo como es el abanico no fue utilizado. Es una pena, porque de otros países, sobre todo de Francia, existen facturas magníficas con este elemento de protagonista central.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Torre del Oro (1)

En esta serie de entradas presento la imagen de la Torre del Oro como protagonista de algunas de las facturas confeccionadas en Sevilla en la segunda mitad del siglo XIX. Es lógica su utilización, sobre todo en las empresas relacionadas con el puerto, bien fueran navieras o agentes de aduanas, pero también en otras que deseaban utilizar este emblema de la ciudad.

El resultado son estas facturas que van a continuación y que oscilan entre la estampa popular y la culta, con mayor o menor perfección técnica y con más o menos fidelidad a la realidad.

La primera de la serie, porque es la más antigua de las localizadas en el Archivo, es ésta de Rafael Deu y Compañía y su Almacen de Curtidos del año 1857. La factura es del tamaño de una cuartilla y la viñeta es, como se puede suponer, muy pequeña, de sólo unos centímetros. Sin embargo está muy bien trabajada, con lo que al ampliarla no pierde calidad.



No consta el taller impresor, pero por otra anterior de la Litografía de Carlos Santigosa, a la que ya me he referido cuando presenté la factura de los Srs. White y Compañía, del año 1854, puedo suponer que se realizó en este taller aprovechandose de ese trabajo ya realizado pero, ahora, contenido en un óvalo mas reducido.



La imágen se comenta por sí sóla y no se necesitan palabras para disfrutarla. Así como para advertir las licencias del grabador, por ejemplo esa Plaza de Toros al lado mismo del Hospital de la Caridad.

viernes, 24 de julio de 2009

La primera factura impresa de Vicenta Carballo, 1853.

Por el ritmo de trabajo que había iniciado y por las tendencias impuestas por el comercio sevillano, Vicenta Carballo nos sorprende con una factura impresa, en 1853 y que fue utilizada hasta 1865. Es una de las primeras facturas de modista que conocemos de Sevilla, y, por supuesto, de las primeras facturas de una mujer.



Está realizada en el taller de litografía de Carlos Santigosa, que en aquellos momentos es el de más prestigio en la ciudad. Como modelo de factura es el que se ha definido como simple. Sólo los datos del taller de costura. Pero otra cosa es la forma que adopta que es muy aparatosa y barroca, para dejar muy clara su vinculación con los Duques como un signo de prestigio y dignidad.

En una especie de banda de seda, que recorre toda la parte superior del motivo de la factura, a modo de banderola rematada por cuatro borlas, se indica que es modista “de S.A.R. la Serenísima Señora Infanta Duquesa de Montpensier”. Su título de modista, de forma muy destacada, está en el centro rodeado de unos escudos ovalados de los Orleans (flores de lis y el ámbel) y de los Borbones (castillos, leones, flores de lis), coronado el de los Orleans por una corona ducal y el de los Borbones por una real. El nombre de Vicenta Carballo, también en el centro, queda encerrado en un rectángulo, como si se tratara de una cartela barroca, en el que se indica la dirección de su taller en la calle Menjíbar nº 7. Todo el conjunto queda rodeado de roleos y hojas de acanto dando la sensación de lujo y opulencia. En el centro de la base y de forma destacada el nombre de Sevilla.

No es una factura original, porque el taller litográfico utiliza este modelo en otra factura de un joyero, Manuel González de Rojas, también de 1853.



Su espectacularidad debió de encantar a Dª Vicenta Carballo y no le importó la similitud. Pero pienso, como ya he advertido en la entrada anterior, que la modista trabajaba casi exclusivamente para la Duquesa, porque para un joyero esa manera de expresar que son proveedores de la casa ducal es lógica. Su clientela solo puede ser de clase muy alta, con mucho dinero, y el que sirvan a tal casa es una garantía de calidad y seriedad, y, por tanto, da seguridad a quien vaya a comprarle. Pero una modista intimidaría con esa factura a la posible clienta que necesitara hacerse un traje. Otras facturas de modistas de Sevilla o de otros lugares suelen ser más sencillas, sin tanta grandilocuencia, como invitando a visitar el taller donde pueden encontrar lo que desean, sin asustarse por el precio. Es mi impresión, pero por lo que he podido ver en el Archivo, casi lo puedo dar por seguro, pues además en las Guías de Sevilla, de distintos años consultadas, no figura Vicenta Carballo entre las modistas con taller al público. Por este motivo no me extraña que conociera, por su cercanía a la Duquesa, la factura del joyero y le pidiera una similar al Sr. Santigosa. Al no haber posible competencia entre el joyero y la modista, que no cosía para la calle, el impresor hizo las modificaciones pertinentes y le confeccionó la factura que ella deseaba.

Otro detalle significativo es que muchas de estas facturas no están fechadas, algo inconcebible para un documento de esta naturaleza. La fecha es fundamental, pero ella trabaja en la propia Casa Ducal y cuando acaba un encargo presenta la factura y la cobra. Existe tal confianza que no se necesita ni siquiera ese detalle. Nosotros para fecharlas nos hemos tenido que fijar en los documentos que estaban archivados con ellas para darle una aproximada. Por este motivo hemos advertido que el taller litográfico hizo tres tiradas de la misma factura. Las de 1853 llevan el nombre del taller a la izquierda. A partir de 1856 se hace otra y el nombre aparece a la derecha. Y en 1859, la tercera y ya no aparece el nombre del taller litográfico.

M.D.R.D.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Juan Bautista Calvi (1)


Esta es la primera de las tres facturas localizadas en el Archivo de este empresario sevillano. Es del año 1859 y está realizada en el taller de D. Carlos Santigosa. Voy a poner ésta como ejemplo de lo que puede valer una factura como documento significativo, con un valor propio.
En el montón de facturas que iba catalogando, la de Juan Bautista Calvi me llamó la atención nada mas verla. Destacaba sobre las demás por la calidad del papel, por la elección del color de éste, por el diseño, y, en definitiva por el gusto con que estaba realizada. No sabía nada del empresario, ni de la empresa y, mucho menos del personaje. Observándola me fijé en determinados detalles como la variedad de productos que ofrecía, ligados a la decoración y a las Bellas Artes. También en el impresor, que para mi, en aquellos momentos, era sólo un tal Santigosa, que aparecía en facturas que siempre me llamaban la atención. En este caso además el nombre estaba en dos lugares, uno en la raya que da paso al comienzo de la factura contable y otro en la misma viñeta como si fuera el autor que firmara su obra.
En definitiva el buen gusto del producto me hizo pensar que podía hallar otros contenidos diferentes de los de la mera contabilidad en estas facturas. Así fue como, a partir de ésta, comencé a mirar con otros ojos estos documentos. Calvi y Santigosa, dos desconocidos, comenzaron a ser personajes de los que deseaba saber algo mas.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Las facturas como reflejos de los nuevos cambios (2)



Esta es la nueva factura de Francisco Lastortres sólo un año después. Ya no es un mero instrumento contable, sino que es un reclamo publicitario con el muestrario anexo de la gama de productos que ofrece, todo en el mismo recipiente: la factura.
Además ya no se ha hecho en una imprenta anónima y barata. Se ha encargado al impresor y litógrafo (la litografía es la gran novedad de estos años) que está revolucionando este mundo en la ciudad: D. Carlos Santigosa Gaspar, catalán afincado en Sevilla desde principios de la decada de 1840, y al que debemos algunas de las joyas de este arte menor de la publicidad en las facturas, ademas de otras importantísimas realizaciones en el campo de la impresión de grabados y de libros. Su nombre figura debajo de la viñeta, a la izquierda, sobre la linea que marca la separación con el campo de la factura propiamente dicho: "Lit. C. Santigosa. Sevilla".

jueves, 16 de octubre de 2008

Pasteles y dulces (2)




Esta segunda factura es del año 1863. G. Dosch y Pulin son los socios que regentan esta "Pastelería y Fonda Suiza" y por la documentación del Archivo sabemos que su restaurante era muy apreciado por los Duques.