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martes, 9 de febrero de 2010

Manuel Groso y su primera factura impresa

Al igual que hemos visto con otros profesionales que trabajan para los Duques de Montpensier, D. Manuel Groso sigue el mismo proceso. Primero utiliza facturas sin impresión previa. Simples papeles en los que se describe el servicio prestado y su importe. Pasados varios años, en este caso concreto algo más que en otros empresarios, comienza a presentar facturas impresas. La primera que tengo registrada es ésta de 1858.



Como puede verse es muy sencilla. Una labor de imprenta, de adornos caligráficos y unos remates de pequeños jarrones, para decorar "Taller de Cerrajería", y la calle Aromo, nº 1, en San Pablo. A diferencia de las facturas de las Fundiciones (ver entradas anteriores dedicadas a Bonaplata o a White) las de los cerrajeros, guarnicioneros y hojalateros son muy sencillas. Seguramente tienen una categoría empresarial y social inferior y no aspiran a vender ningún producto sino a prestar un servicio. Pienso que por este motivo tienen más una mentalidad de artesanos que de empresarios y no especulan con sorprender con sus facturas.

Buen ejemplo de lo que digo es la factura de Groso. Un simple nombre genérico, Taller de Cerrajeria, sin título específico, y el domicilio. Sólo conocemos el propietario porque es al que se le debe el importe. No hay una "marca" o nombre reconocible ni un diseño destacable, que se pueda fijar en la memoria.

Por cierto que me ha costado trabajo ubicar exactamente la calle Aromo porque no me salía en ningún callejero. Al final la he localizado en el Plano de Sevilla de 1868. Es una estrecha calle entre San Pablo y Moratín, a la altura de la calle Bailén.

Una variante de esta factura es la que presento ahora. Es exactamente igual y sólo cambia en que tiene un único jarrón, en vez de los tres de la anterior. Algunos de los adornos caligráficos pueden tener cierta variación, pero sin más relevancia. La verdad es que no encuentro una explicación a esta dualidad de facturas, pero desde luego la primera fue la más utilizada tanto por su cantidad como por la dilatación de su uso en el tiempo, puesto que hay facturas de ese modelo fechadas hasta 1868.



Para ver el contraste con una factura de una Fundición, he traído ésta de la "Fundición de Hierro de los Descalzos", de D. José Duarte, de 1857. Otro sistema de impresión y un título de "marca" en el que une el nombre genérico con el domicilio en letras bien grandes.



Pero no la presento sólo por esta única razón. En otra entrada vamos a ver la importantísima relación que va a tener con la carrera empresarial de D. Manuel Groso.

jueves, 14 de enero de 2010

Rafael Esquivel y sus sellos (1)

En la primera entrada hemos visto los distintos modelos de sellos y sus variedades, de una forma somera, porque, como ya he dicho, hay infinidad de ellos en la correspondencia conservada en el Archivo. En las próximas me voy a detener en los de dos personas concretas elegidas por distintos motivos. La primera es Rafael Esquivel Vélez, hombre importante en la Sanlúcar de Barrameda de mediados del siglo XIX, que facilitó el aterrizaje de los Duques de Montpensier en su ciudad y con los que mantuvo una magnífica relación. Fruto de ella es una abundante correspondencia a lo largo de las décadas de 1850 y 1860, de la que hemos podido extraer los sellos que ofrezco en esta entrada y que nos permiten estudiar la evolución de esos pequeños tatuajes de la historia doméstica.

A través de sus cartas podemos conocer a D. Rafael Esquivel como una persona locuaz, llana, que en sus relaciones con los Duques sabe estar en su sitio y marcar las distancias. No es su empleado, por eso mismo usa su propio papel de carta con su sello, y a través de esa correspondencia nos informa de muchas cosas que, cualquier otra persona al servicio del Palacio, nunca se atrevería a hacer.

Este breve perfil nos sirve para comprender la variedad de sellos que utiliza a lo largo de esos veinte años de correspondencia. Debía de charlar por los codos igual que escribía y así gasta el papel de carta y tiene que encargar que le hagan más, casi anualmente. De esta forma se puede ofrecer una panorámica de la evolución de estos sellos, en un periodo de tiempo concreto, algo que no se puede hacer con nadie más, porque nadie escribe tanto como él, y cuando lo hacen son empleados del Duque que utilizan el papel timbrado del Palacio.

Como son muchos los sellos los he agrupado, haciendo una composición, para poder ver la evolución. Así en la década de 1850 lo típico es el sello en seco, en relieve, muy sencillo. Como se puede ver el nombre y nada más. Debajo de cada uno he indicado la fecha en que comienza a utilizar ese papel timbrado.



Este modelo sencillo se complementa con el primero de los que muestro a continuación. Más solemne y elegante, y muy bonito, en definitiva.

Y ya a partir de 1859 se inclina por este tipo de sello, más barroco y elaborado, abandonando el modelo anterior, como podemos observar por las fechas que figuran en cada uno.



Este proceso lo he podido observar en otras correspondencias, incluso en la de los propios Duques. Son muy raros en estos años los sellos impresos, aunque ya se encargan y, por supuesto, los Duques los tienen. Pero lo normal es el sello en seco. Por eso presento los tres modelos que he localizado del abogado sevillano, Diego Suarez, que mantiene, por motivos profesionales, una correspondencia fluida con el Palacio y que nos pueden servir para comprobar esta tendencia. De su esposa, Adela Fraga, he mostrado ya su sello en la primera entrada de esta serie.




Estos sellos son, respectivamente, de 1852, 1853 y 1855.

Por si quedara dudas de la utilización de estos sellos en seco ofrezco uno del Ministerio de Hacienda de estos mismos años.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Imagen corporativa de Sevilla (III)

Es el segundo sello o membrete que había localizado en el Archivo y que presenté en las entradas del pasado mes de Julio. Éste pertenece a un documento de 1851, pero abajo, en la firma, se lee claramente 1850 y su autor Peleguer. Y como dije en la entrada anterior debe ser otro encargo para fijar esa imagen corporativa del Ayuntamiento de Sevilla. Pero Manuel Peleguer, su autor, pertenece a una generación posterior a la de Rossi. Mientras que éste pertenece a la estética ilustrada, Peleguer ya es totalmente romántico y se nota en su diseño del sello.

En él se recuperan las raíces medievales con ese escudo heráldico, tan del gusto romántico. Ese escudo sirve de marco para la imagen del rey Fernando III, sentado en su trono, con la espada y la esfera, coronada por una cruz. A su lado los obispos Leandro e Isidoro. No hay diferencias en este motivo central con respecto al anterior, salvo en lo del marco, porque ésa sería la condición impuesta por el Cabildo al artista. El símbolo “NO-8-DO” está ahora bien visible en la parte superior, rematado por una corona de laurel, de la que sale una cinta que envuelve todo el escudo y donde aparece la leyenda “A(lcaldía). Corregimiento”. El sello se remata con dos cetros, o bastones de mando, cruzados por detrás.



Posterior a este documento he localizado otro del año 1858, con el mismo motivo pero con otra leyenda: “Alcaldía Constitucional Sevilla”. Sin embargo la impresión es muy deficiente (o la plancha original se había deteriorado bastante), tanto que se desfiguran los rasgos de los personajes y la firma del artista ya casi no se puede leer.



Posteriormente este sello se recoge en el plano de Sevilla del año 1868, ya sin firma del autor, editado por D. Carlos Santigosa. Es éste que presento aquí escaneado a partir del plano correspondiente de la carpeta de Planos de Sevilla que cité anteriormente. En él se ha cambiado la leyenda de la cinta y ahora se ha escrito “Muy noble, muy leal, muy heroica e invicta”



Pero todavía en el plano de Sevilla de 1891 se puede contemplar el mismo sello o escudo de Peleguer, con ciertos cambios. La parte superior es la que ha sufrido la mayor transformación. El medallón con el “NO-8-DO” y la corona de laurel han sido sustituidos por la corona real. El medallón cuelga ahora de la cinta, en la parte inferior.



Es fácil de deducir, con las muestras presentadas, que este sello tuvo más aceptación y continuidad que el de Rosi y Coromina. Además, en las siguientes entradas podremos ver otros sellos que se inspiran, en cierta forma, en éste de Peleguer y mantienen su estética.

martes, 1 de diciembre de 2009

Calle Sierpes: Abanicos, sombrillas, ... (1)

He dudado mucho el contenido de esta nueva serie. Quería dedicársela a la calle Sierpes, esto si lo tenía claro, pero no el tipo de comercio. Al final he elegido éste de "Abanicos, Sombrillas y Paraguas" porque es el que tiene más unidad y demuestra mejor el carácter de esta calle donde se concentraba este tipo de comercio de lujo y, además, me ofrecía la posibilidad de tocar algunos aspectos interesantes que iré desgranando a lo largo de estas seis entradas.

Muy bien podría haber llamado a esta serie la "Prehistoria de la Casa Rubio", la tienda de abanicos tan emblemática en esta calle durante el siglo XX. Según he leido se estableció en esta calle en 1853, pero no la identifico entre las facturas de esos años guardadas en el Archivo. El predecesor de ese establecimiento es el de Colomina y esta tienda no la tengo localizada con su factura correspondiente hasta la década de 1870.

Pero en los años 50 hay varias tiendas muy interesantes que son las que voy a presentar en ésta y en la siguiente entrada: la de Vides y Terán, la de La Juvenil y la de La Unión.

La primera en el tiempo es ésta de Francisco Vides y Terán, de fecha 25 de agosto de 1852, aunque hay que aclarar que antes de esta fecha ya existen facturas manuscritas de este empresario. Algo habitual en estos años de mediados de siglo, como ya se ha explicado en anteriores entradas. Y también, como en otros casos anteriores, ésta primera se confecciona en el taller litográfico de D. Carlos Santigosa que, en esas fechas debía estar situado en la misma calle Sierpes, en el número 81. Este litógrafo es el introductor de dicha técnica en el campo de los impresos comerciales, como este de las facturas, aunque también es editor de libros, periódicos y álbumes litográficos. El nombre aparece debajo de la viñeta, a la derecha, encima del cuadrante destinado a detallar los productos vendidos. Firma "Lit. Santigosa".
La tienda estaba entonces situada en el número 39, y lo hago notar porque en posteriores facturas cambiará de número.



La segunda factura es la de La Juvenil, aunque no lo sea en el tiempo, porque entre una y otra está fechada la que presentaré en la siguiente entrada. Estaba situada muy cerca de la de Vides, justo en el número 32. Y aunque no figure el nombre del propietario, quien firma el "recibí" es D. Manuel Ortiz que pudiera ser el dueño, por otros documentos que conozco, aunque no tengo seguridad.



Pero lo que quiero destacar es la diferencia entre las dos facturas. La primera confeccionada con las nuevas técnicas litográficas y la segunda con el rancio estilo de la tipografía de las viejas imprentas. Parece que el nombre de la segunda le debiera corresponder a la primera que es la que se adapta a los nuevos tiempos que corren, con una imagen agradable, que entra fácilmente por los ojos y que hará reconocible la marca comercial a simple vista, como si fuera un cartel publicitario.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Calle Sierpes: Abanicos, sombrillas, ... (2)

El tercer establecimiento de este género es "La Unión" de Enrique Menacho, en la calle Sierpes, número 76. Es de 1854, pero al igual que con Vides y Terán existen otras facturas anteriores hechas a mano, con su nombre. También utiliza los servicios del litógrafo Santigosa para la confección del documento. El nombre del impresor figura, en letra muy pequeña, debajo de la viñeta, donde comienza la caja de la factura, en el margen superior izquierdo: "Lit. C. Santigosa. Sevilla".

Al igual que había hecho el impresor con la de Vides, ésta también se aparta del modelo de las viejas imprentas y toma un sello y porte muy atractivo y llamativo. Conjuga perfectamente los tipos de letras, las curvaturas de las palabras y los adornos para destacar lo esencial de la razón comercial. Son los nuevos tiempos en los que ya asoma la publicidad y el mensaje visual.



Esta es la segunda de la misma tienda y presenta diferencias significativas. Es de 1858 y no figura la empresa litográfica, aunque parece respetarse el estilo de la anterior, pero muy simplificado. Ha cambiado el nombre, ahora se llama "Pasaje de la Unión", y aparece en grandes letras el del propietario, Enrique Menacho, destacando en tinta negra sobre el resto. Da la sensación que el negocio debe marchar bastante bien e, incluso, se ha ampliado con joyería y bisutería. Sospecho que, como su rival Vides, quiere dejar constancia de que lo importante es él y no el nombre de la tienda.



En resumen, a traves de estas facturas podemos ver como en la década de 1850 hay una proliferación de este tipo de comercio de lujo o semi-lujo, tomando como eje la concurrida calle Sierpes. Una de ellas bien pudo ser el antecedente de la Casa Rubio del siglo XX, porque en las referencias que he encontrado sobre este comercio se dice que desde 1853 había habido una continuidad del negocio, aunque con distintos nombres. Por las facturas que tengo fichadas no puedo discernir cuál pudo ser ese antecedente. La de Vides y Terán la descarto porque convivirá posteriormente con la tienda de Colomina y Domínguez que sí es un antecedente claro, según D. Nicolás Salas, de la Casa Rubio. De las otras dos no se por cual inclinarme, porque la de Enrique Menacho tiene facturas escritas a mano anteriores a esa fecha.
Es un interrogante que no puedo resolver. Lo dejo así sobre la pantalla del ordenador.

martes, 24 de noviembre de 2009

Bazar Sevillano, años 50

Las facturas de la década de 1850 son igualmente sobrias y sencillas: nombre de la entidad, lema del "precio fijo" y propietario. Nada más, ni siquiera aparece el domicilio. Es prueba de una empresa consolidada y prestigiada que vende con sólo su nombre sin necesidad de publicidad de ninguna clase. En las tres que presentamos en esta entrada la única variación son los tipos de letras utilizados para el rótulo de la empresa.



Sin más datos busqué en Google "Arcimís Sevilla" intentando recabar alguna pista. Cuál no sería mi sorpresa cuando lo que encontré fue la noticia de un prestigioso astrónomo y meteorólogo nacido en 1844, llamado Augusto T. Arcimís Werle (también lo he visto escrito Werhle), que perteneció a la Institución Libre de Enseñanza y estuvo muy relacionado con D. Francisco Giner de los Ríos. Fue el primer director del Instituto Central Meteorológico, en Madrid y falleció en 1910. Un científico de prestigio, pero tan distinto a lo que yo iba buscando.



Sin embargo, había unos datos en esa biografía que me daban pistas a seguir. Primero el apellido, de origen griego, muy poco corriente, lo emparentaba directamente con el nombre de la factura. Por la fecha de nacimiento muy bien podía ser su hijo. Había nacido en Sevilla, pero estudió en Cadiz y su vida se desarrolló en esta ciudad, hasta que en los años 70 se marchó a Madrid.

A partir de estos datos comencé a montar mi propia hipótesis, porque recordaba haber visto una factura de un Bazar Gaditano de 1848 en el Archivo, y también en un lugar de subastas de Internet una factura de este mismo Bazar de Cádiz, pero de los años 80. Lo comprobé y efectivamente la del Archivo era de Augusto Barthou y la segunda de Teodoro Arcimís.

Ya tenía elementos suficientes para llenar de contenido esos escuetos datos de las facturas. En la próxima entrada lo explicaré con detalle.



Por último observen el nombre de quiénes firman el "recibí" en la segunda y tercera factura de esta entrada: en una es Rossy (su nombre debe ser Juan, aunque no lo escriba) y en la otra Francisco Carrera, a los que podremos ver posteriormente montando sus propios negocios como eficaces empresarios. El Bazar debió de ser una buena escuela para jovenes con iniciativa y espíritu emprendedor.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Torre del Oro (1)

En esta serie de entradas presento la imagen de la Torre del Oro como protagonista de algunas de las facturas confeccionadas en Sevilla en la segunda mitad del siglo XIX. Es lógica su utilización, sobre todo en las empresas relacionadas con el puerto, bien fueran navieras o agentes de aduanas, pero también en otras que deseaban utilizar este emblema de la ciudad.

El resultado son estas facturas que van a continuación y que oscilan entre la estampa popular y la culta, con mayor o menor perfección técnica y con más o menos fidelidad a la realidad.

La primera de la serie, porque es la más antigua de las localizadas en el Archivo, es ésta de Rafael Deu y Compañía y su Almacen de Curtidos del año 1857. La factura es del tamaño de una cuartilla y la viñeta es, como se puede suponer, muy pequeña, de sólo unos centímetros. Sin embargo está muy bien trabajada, con lo que al ampliarla no pierde calidad.



No consta el taller impresor, pero por otra anterior de la Litografía de Carlos Santigosa, a la que ya me he referido cuando presenté la factura de los Srs. White y Compañía, del año 1854, puedo suponer que se realizó en este taller aprovechandose de ese trabajo ya realizado pero, ahora, contenido en un óvalo mas reducido.



La imágen se comenta por sí sóla y no se necesitan palabras para disfrutarla. Así como para advertir las licencias del grabador, por ejemplo esa Plaza de Toros al lado mismo del Hospital de la Caridad.

Torre del Oro (2)

Esta factura es la segunda en el tiempo: 1859 y es de una empresa naviera de barcos de hierro a hélice que realiza el transporte entre Sevilla y Bonanza. En concreto esta factura es el pasaje de D. Isidro de las Cagigas, secretario del Duque de Montpensier, que había llevado a Sanlúcar de Barrameda muebles y otros objetos, no sabemos si suyos o encargo de los Señores. Se da la circunstancia de estar Dª Luisa Fernanda embarazada (dará a luz en mayo a su quinto hijo y primer varón, Fernando) y, para que el acontecimiento tuviera lugar en Sanlúcar, como se lo habían pedido sus vecinos, los Duques se trasladaron muy pronto a esta ciudad, en pleno invierno, sin esperar a que llegara el verano.



En esta factura la viñeta es aún más pequeña que en la de 1857 y el papel, aunque es de buena calidad, resulta muy fino y se transparenta el reverso impreso. Pero aún así la calidad de la impresión es inmejorable como podemos observar en el detalle ampliado de esa viñeta. No es desde luego un trabajo cualquiera y parece realizado por una mano experta.



La vista está tomada desde el muelle situado a la altura de San Telmo, por lo que el río Tagarete aparece en primer término, desembocando en el Guadalquivir, y detrás la Torre, aunque en estas fechas ya debía estar entubado. Esto último se puede explicar porque el grabadito puede ser anterior al año en que se expidió esta factura. Al fondo aparece la imagen de Triana.

De todas formas hay algo que no veo bien en el dibujo, por eso lo presento ahora invertido y así si lo entiendo. O tengo un problema de lateralidad o es que al imprimir la imagen se tuvo en cuenta las letras pero no el dibujo.

viernes, 24 de julio de 2009

La primera factura impresa de Vicenta Carballo, 1853.

Por el ritmo de trabajo que había iniciado y por las tendencias impuestas por el comercio sevillano, Vicenta Carballo nos sorprende con una factura impresa, en 1853 y que fue utilizada hasta 1865. Es una de las primeras facturas de modista que conocemos de Sevilla, y, por supuesto, de las primeras facturas de una mujer.



Está realizada en el taller de litografía de Carlos Santigosa, que en aquellos momentos es el de más prestigio en la ciudad. Como modelo de factura es el que se ha definido como simple. Sólo los datos del taller de costura. Pero otra cosa es la forma que adopta que es muy aparatosa y barroca, para dejar muy clara su vinculación con los Duques como un signo de prestigio y dignidad.

En una especie de banda de seda, que recorre toda la parte superior del motivo de la factura, a modo de banderola rematada por cuatro borlas, se indica que es modista “de S.A.R. la Serenísima Señora Infanta Duquesa de Montpensier”. Su título de modista, de forma muy destacada, está en el centro rodeado de unos escudos ovalados de los Orleans (flores de lis y el ámbel) y de los Borbones (castillos, leones, flores de lis), coronado el de los Orleans por una corona ducal y el de los Borbones por una real. El nombre de Vicenta Carballo, también en el centro, queda encerrado en un rectángulo, como si se tratara de una cartela barroca, en el que se indica la dirección de su taller en la calle Menjíbar nº 7. Todo el conjunto queda rodeado de roleos y hojas de acanto dando la sensación de lujo y opulencia. En el centro de la base y de forma destacada el nombre de Sevilla.

No es una factura original, porque el taller litográfico utiliza este modelo en otra factura de un joyero, Manuel González de Rojas, también de 1853.



Su espectacularidad debió de encantar a Dª Vicenta Carballo y no le importó la similitud. Pero pienso, como ya he advertido en la entrada anterior, que la modista trabajaba casi exclusivamente para la Duquesa, porque para un joyero esa manera de expresar que son proveedores de la casa ducal es lógica. Su clientela solo puede ser de clase muy alta, con mucho dinero, y el que sirvan a tal casa es una garantía de calidad y seriedad, y, por tanto, da seguridad a quien vaya a comprarle. Pero una modista intimidaría con esa factura a la posible clienta que necesitara hacerse un traje. Otras facturas de modistas de Sevilla o de otros lugares suelen ser más sencillas, sin tanta grandilocuencia, como invitando a visitar el taller donde pueden encontrar lo que desean, sin asustarse por el precio. Es mi impresión, pero por lo que he podido ver en el Archivo, casi lo puedo dar por seguro, pues además en las Guías de Sevilla, de distintos años consultadas, no figura Vicenta Carballo entre las modistas con taller al público. Por este motivo no me extraña que conociera, por su cercanía a la Duquesa, la factura del joyero y le pidiera una similar al Sr. Santigosa. Al no haber posible competencia entre el joyero y la modista, que no cosía para la calle, el impresor hizo las modificaciones pertinentes y le confeccionó la factura que ella deseaba.

Otro detalle significativo es que muchas de estas facturas no están fechadas, algo inconcebible para un documento de esta naturaleza. La fecha es fundamental, pero ella trabaja en la propia Casa Ducal y cuando acaba un encargo presenta la factura y la cobra. Existe tal confianza que no se necesita ni siquiera ese detalle. Nosotros para fecharlas nos hemos tenido que fijar en los documentos que estaban archivados con ellas para darle una aproximada. Por este motivo hemos advertido que el taller litográfico hizo tres tiradas de la misma factura. Las de 1853 llevan el nombre del taller a la izquierda. A partir de 1856 se hace otra y el nombre aparece a la derecha. Y en 1859, la tercera y ya no aparece el nombre del taller litográfico.

M.D.R.D.

sábado, 6 de junio de 2009

S. White y Compañía, 1854



Creo que esta es una de las joyas que puedo presentar en este blog, similar a la factura de D. Narciso Bonaplata (ver una entrada anterior), pero con el valor de ser inédita, o, por lo menos, no he sido capaz de encontrar ninguna referencia sobre ella.
Y además es valiosa no sólo por su diseño y trabajo, sino por su valor histórico como testimonio de una determinada actividad industrial en nuestra ciudad: la siderurgia, vanguardia de una incipiente revolución industrial, y también porque prueba, con el servicio que se factura (la compostura de una máquina de vapor), esa nueva mentalidad que está penetrando en nuestra ciudad, capaz de aplicar la máquina de vapor al riego de los jardines y huertas de San Telmo, es decir, la revolución industrial al servicio de la agricultura.
La factura está fechada en 1854 y es la única existente en el Archivo. Debió, por tanto, de realizarse en ese año o el anterior, como mucho.
Lo primero que llama la atención es su cuidado diseño, muy bien trabajado, fusionando a la perfección el motivo ornamental con el tipográfico, adaptando éste al espacio que aquél le abre, con el uso de bien escogidos tipos. Un repaso visual no nos deja dudas sobre su elegancia y exquisitez, casi parece más propia de una tienda de lujo o grandes almacenes que de una Fundición, diría yo.
Pero lo que me llamó la atención inmediatamente es que está firmada: “Grabó R. Mercier”, en la misma caja del dibujo (en la parte de abajo, a la derecha, y al otro lado, a la izquierda, “Litogª del Porvenir”). Me parece que es suficientemente significativo este hecho, porque nos indica que no se trata de un encargo rutinario, para la actividad comercial, es algo mucho más importante. Por eso se debió de contratar a alguien expresamente, quien además firma como si fuera un grabado y reconoce, de esta forma, orgullosamente, su paternidad. Lástima no haber podido encontrar nada sobre R. Mercier, lo único que puedo decir de él es que, a la vez que hizo este diseño, realizó el de la propia imprenta, como ya he precisado en la entrada correspondiente. Las dos facturas, aunque muy distintas, tienen un estilo similar.
Seguramente confluyen en este hecho de la firma dos circunstancias. Por un lado la innovación que significa la litografía frente al trabajo tradicional de la tipografía de las viejas imprentas. Se trata de algo nuevo que no está al alcance de cualquiera, por eso el Sr. Piñal, propietario de la imprenta y, a su vez, inteligente empresario, y el Sr. White, dueño de la empresa que encarga la factura, contratan a quien mejor puede hacer el trabajo. Por otro lado, esa recién constituida nueva Fundición tiene que competir con la consolidada y prestigiada de D. Narciso Bonaplata que tiene un modelo de factura muy significativa. Son empresarios sagaces y se dan cuenta que, en estos nuevos tiempos, hay que saber vender el producto. La factura cumple así un doble papel, por un lado, como documento contable y, por otro, como recipiente de la marca o enseña de la empresa. Por eso no es de extrañar que en estos años cincuenta del siglo XIX se diseñaran algunas que se han convertido en emblemáticas de la ciudad de Sevilla. Basta recordar la de la Cartuja de Pickman o la mencionada de Bonaplata, ambas recogidas en entradas anteriores.
Ésta que nos ocupa, la de los “S. White y Compañía”, a pesar de su elegancia y delicado diseño, una auténtica maravilla, sin lugar a dudas, no debió satisfacer a la empresa y, muy pronto, se buscó otro diseño, tal vez menos lujoso pero si más comercial, semejante ahora al de la Cartuja de Pickman. Se trata de una vista de Sevilla desde, más o menos, la actual calle Betis. Es otra pequeña joya, pero al formarse pronto la nueva empresa “Portilla Hermanos y White” tuvo muy poca vigencia y sólo conservamos un ejemplar en el Archivo, además con pequeñas manchas. En su momento la mostraré, porque está relacionado con otro taller de litografía, el del Sr. Carlos Santigosa, del que quiero presentar varias cosas muy interesantes.

sábado, 30 de mayo de 2009

Otra factura confeccionada por "El Porvenir"



Es otra muestra de esta labor impresora en los talleres de "El Porvenir", y si la he dejado aparte es sólo por continuar el capítulo con el que comencé este blog: las pastelerías y fondas. Entonces la factura más antigua que había encontrado fue una del Sr. Delage en la calle Cuna, de 1861. Posteriormente he hallado otras anteriores que ya iré incluyendo, pero ahora aprovecho la ocasión para presentar ésta que completa una significativa muestra de la labor diseñadora de "El Porvenir".
La factura está mal escuadrada, por eso aparece torcida, pero es algo muy frecuente entre las de estos años 50, porque en las posteriores el procedimiento mecánico debió mejorar bastante y ya es más raro este defecto.
Es la Fonda, Pastelería y Nevería del Suizo, de la que ya presenté otra posterior, de 1863. En ésta parece que tiene más importancia la fonda, mientras que en aquella era la pastelería.

viernes, 29 de mayo de 2009

Las otras facturas de "El Porvenir"

Como ya he explicado en la entrada anterior el negocio del periódico, a mediados del siglo XIX, no era rentable económicamente y por este motivo sus talleres eran utilizados para otros servicios que pudieran compensar las pérdidas. El diario "El Porvenir" de D. Ramón Piñal Martínez no era una excepción, a pesar de que fuera el de mayor difusión en la ciudad de Sevilla.
En dos facturas anteriores de suscripción a "El Porvenir" hemos podido comprobar cuáles eran esos otros productos y servicios que ofrecía. También hemos visto ya una factura confeccionada por estos talleres en una entrada anterior, concretamente la de la tienda de sombreros de Sánchez y Compañía de la Campana. Vamos a ver ahora otras.
La primera es la Fábrica de tejidos de seda de Manuel del Castillo, de 1853. La imprenta se puede ver sobre la columna de los precios en una letra minúscula.



Una segunda factura de esta imprenta es la de un relojero francés establecido en la Plaza del Salvador, Alberto Galloy, del año 1854.



Y una tercera muestra ya no es una factura, es un anuncio de un espectáculo o atracción circense, que puede fecharse en el año 1858.

jueves, 28 de mayo de 2009

"El Porvenir" y Ramón Piñal



Iniciada la aventura político-empresarial en el ámbito de la prensa, su segundo objetivo será el diario más importante de Sevilla: "El Porvenir". Así en el año 1850 adquiere todos los derechos sobre este diario, incluida toda la maquinaria de su imprenta. El negocio periodístico no era, a mediados del siglo XIX, un negocio rentable, por lo que se hacía necesario doblarlo con el servicio tipográfico de la labor impresora y de la venta de papel, como podemos leer en el margen de la factura. La sede del periódico se encuentra situada entonces en la calle Sierpes, número 13. A la vez en esta factura comprobamos que también publica el Boletín Oficial (de la Provincia) y de Fincas del Estado, que hace, según hemos leido en el estudio de D. Francisco Aguilar Piñal, asociado con D. José Saavedra, a quien le había vendido la cabecera de el "Faro del Comercio".



En 1854 fácilmente se puede comprobar la mejora en las técnicas litográficas utilizadas. La factura tiene un elegante diseño lejano del sencillo de la de 1851. Sólo han pasado tres años, pero el espíritu empresarial del Sr. Piñal se nota hasta en estos detalles.



Nota: Despues de hacer esta entrada y en una visita rutinaria que hice para recordar un detalle, he descubierto algo en esta factura que me había pasado inadvertido tanto al catalogarla en el Archivo como al escanearla y eso que lo hago siempre con muchísimo cuidado. Los milagros de las tecnologías. Al ampliar la imagen se puede ver, abajo a la izquierda, tapado por un número escrito en la época de la factura: "Lo grabo R. Mercier". Al otro lado, en la derecha y también abajo, casi oculto por la firma, "Litª del Porvenir".

En ese mismo año también se produce el traslado al número 113 de la misma calle Sierpes.



Un último detalle a destacar es la continuidad en la aventura empresarial del periódico de D. Rafael Góngora y Martínez, al que hemos visto firmar desde el "Faro del Comercio" hasta esta última factura de "El Porvenir". ¿Sería hermano de D. Manuel de Góngora y Martínez, el padre de la arqueología andaluza? Por las fechas y la identidad de apellidos no sería extraño. Ahí dejo la pregunta.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Ramón Piñal Martínez

Gracias a distintos trabajos que he podido leer en la red he logrado deshacer un nudo que tenía con un personaje que firmaba en unos sitios como "Ramón Piñal" y en otros como "Ramón Piñal y Alba". Son padre e hijo y los dos son activos y prósperos hombres de negocios, y, además, con negocios muy diversificados, prueba de los nuevos tiempos que corren: compra-venta de tierras desamortizadas, imprenta, prensa, almacenes de madera, instalación eléctrica, etc.
Comencemos con el padre: Ramón Piñal Martínez, que firma sólo con su primer apellido, de ahí las dudas que tuve al desconocer totalmente los datos de esta familia.
De origen montañés, es decir, de Santander, como tantos otros en esta ciudad, había nacido en 1811, en el seno de una familia de comerciantes. En 1836 contrajo matrimonio con Mª Dolores Alba. Su vida laboral se inició con un negocio de tejidos, pero su éxito debió de llegar con la compra-venta de bienes desamortizados. La época que le tocó vivir fue ideal para un hombre joven, atrevido, con iniciativa e inteligencia. Son los nuevos tiempos de la revolución burguesa y liberal en una Sevilla que se sacude poco a poco el polvo de la Historia. La Sevilla de las nuevas oportunidades para aquellos que no dudan en arriesgar. El colofón de estos negocios debió de ser el proyecto inmobiliario de la recien creada Plaza Nueva, en el que participa como principal promotor.
Pero si ése el el remate de su carrera como hombre de negocios, su complemento es la entrada en el mundo de la comunicación (prensa), tan importante en los nuevos tiempos que corren. Como burgués es liberal y, por las tendencias de sus periódicos, un progresista moderado, consciente de que es a través de ese medio como se puede defender sus ideas sin recurrir a la violencia. Es la nueva forma de hacer opinión, de crear los medios para que las nuevas formas políticas puedan echar raíces.
De esta forma en 1849 se hace con la propiedad del "Faro del Comercio". En este recibo de suscripción, de 1850, primero que hemos encontrado en el Archivo, ya figura su firma.



Aunque de 1849 he encontrado este recibo del "Diario de Sevilla". Desconozco si son diarios de empresas diferentes o de una misma.


domingo, 19 de abril de 2009

Sombreros



En estas nuevas entradas podremos ver la evolución de un comercio que pasa por distintas manos. En el año 1853 se llama Sombrerería de la Campana y pertenece a una sociedad que lleva por nombre "Sánchez y Compañía". Es una factura muy sencilla porque el tipo de comercio se define por si mismo y el lugar igual.



Esta segunda factura ya nos indica al nuevo propietario como sucesor de Sánchez y Compañía: J. P. Bunout, pero, seguramente por prudencia empresarial, mantiene la relación con la antigua tienda, añadiendo casi timidamente su nombre. En un principio yo mismo interpreté que era al contrario. Sánchez era el sucesor de Bunout, sólo que al comprobar las fechas no había dudas.

Nota: Despues de haber editado esta entrada, un amigo que visitó el blog me ha hecho ver algo que me había pasado desapercibido. El que ya firma en la primera factura de 1853 es Bunout, lo que quiere decir que había una relación previa entre éste y Sánchez, algo que es frecuente en otros muchos comercios. A veces eran empleados de confianza que llegaban a un acuerdo con el dueño o con la viuda, en caso de fallecimiento de éste, para comprarle la tienda, otras era por cuestión de parentesco (empleado casado con la hija del dueño). En el caso de Bunout desconocemos la razón, pero si que ya trabajaba en la tienda como demuestra su firma.

miércoles, 1 de abril de 2009

Narciso Bonaplata




En 1852 ya tenemos la factura emblemática de la Fundición de Bonaplata, en ella aparece con orgullo el recien construido puente de Triana, flanqueado por los edificios de la fábrica. El conjunto del diseño es una pequeña obra de arte, tanto por el cuidado de la impresión litográfica como por la calidad de la composición. Lástima no saber ni quién lo hizo ni el establecimiento donde se imprimió.

Merece la pena ofrecer el detalle de su cabecera.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Juan Bautista Calvi (1)


Esta es la primera de las tres facturas localizadas en el Archivo de este empresario sevillano. Es del año 1859 y está realizada en el taller de D. Carlos Santigosa. Voy a poner ésta como ejemplo de lo que puede valer una factura como documento significativo, con un valor propio.
En el montón de facturas que iba catalogando, la de Juan Bautista Calvi me llamó la atención nada mas verla. Destacaba sobre las demás por la calidad del papel, por la elección del color de éste, por el diseño, y, en definitiva por el gusto con que estaba realizada. No sabía nada del empresario, ni de la empresa y, mucho menos del personaje. Observándola me fijé en determinados detalles como la variedad de productos que ofrecía, ligados a la decoración y a las Bellas Artes. También en el impresor, que para mi, en aquellos momentos, era sólo un tal Santigosa, que aparecía en facturas que siempre me llamaban la atención. En este caso además el nombre estaba en dos lugares, uno en la raya que da paso al comienzo de la factura contable y otro en la misma viñeta como si fuera el autor que firmara su obra.
En definitiva el buen gusto del producto me hizo pensar que podía hallar otros contenidos diferentes de los de la mera contabilidad en estas facturas. Así fue como, a partir de ésta, comencé a mirar con otros ojos estos documentos. Calvi y Santigosa, dos desconocidos, comenzaron a ser personajes de los que deseaba saber algo mas.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Las facturas como reflejo de los nuevos cambios (3)



Sólo seis años después a D. Francisco Lastortres, propietario de la Lampistería Española, Sevilla se le ha quedado pequeña. Su nueva factura ha sido encargada a París (Lith. Destouches. París) y ya ofrece todo un muestrario de objetos que se pueden comprar en su comercio, incluyendo una pequeña ilustración de su tienda en el centro de la viñeta. También añade dos "slogans" publicitarios: "utilidad y ornato" y "perfección en lámparas" y las medallas conseguidas en la recien celebrada Exposición Sevillana de 1858.

Las facturas como reflejos de los nuevos cambios (2)



Esta es la nueva factura de Francisco Lastortres sólo un año después. Ya no es un mero instrumento contable, sino que es un reclamo publicitario con el muestrario anexo de la gama de productos que ofrece, todo en el mismo recipiente: la factura.
Además ya no se ha hecho en una imprenta anónima y barata. Se ha encargado al impresor y litógrafo (la litografía es la gran novedad de estos años) que está revolucionando este mundo en la ciudad: D. Carlos Santigosa Gaspar, catalán afincado en Sevilla desde principios de la decada de 1840, y al que debemos algunas de las joyas de este arte menor de la publicidad en las facturas, ademas de otras importantísimas realizaciones en el campo de la impresión de grabados y de libros. Su nombre figura debajo de la viñeta, a la izquierda, sobre la linea que marca la separación con el campo de la factura propiamente dicho: "Lit. C. Santigosa. Sevilla".

Las facturas como reflejos de los nuevos cambios (1)



La llegada en 1848 a Sevilla de los Duques de Montpensier coincide con la recuperación económica de la ciudad, iniciada ya desde los comienzos de esta década. Muchas novedades están apareciendo y ellos van a dinamizarlas. Traen dinero y ganas de invertir y producir. Saben gastarlo productivamente, de tal manera que en este mundo de facturas podemos comprobar la evolución de muchas empresas en un corto espacio de tiempo. Pequeñas empresas, adaptadas a un mercado local reducido, que comienzan a trabajar para los Duques, con encargos de mas envergadura, y, en poco tiempo, adquieren nuevos aires.

Veamos el ejemplo de la Lampistería de Francisco Lastortres en el año 1852. Una factura muy sencilla, hecha en una imprenta anónima (no consta su nombre siquiera)sin ningún artificio. Incluso el nombre del propietario sólo aparece debajo como acreedor de la factura. Es un mero instrumento contable como exigían los administradores de los Duques para poder llevar las cuentas de gastos del Palacio, con sus justificantes correspondientes.

En estos primeros años hay muchas facturas en el Archivo hechas a mano, sin impresión previa, incluso de las empresas de mayor importancia o volumen, por ejemplo las de D. Narciso Bonaplata.