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viernes, 5 de febrero de 2010

Manuel Grosso: Fundición de Hierro

Ahora es el momento en que aparece en primer plano el hijo de D. Manuel Groso, es decir Manuel Grosso, con su propia factura. La primera de la nueva etapa de esta empresa.

Yo se que todo esto puede parecer una historia que me estoy inventando, porque mis únicas pruebas documentales son unas simples e insignificantes facturas. Pero la lectura detenida de la parte impresa de cada una nos ofrece datos muy significativos que, junto con otros datos (por ejemplo, las firmas) me permiten validar mis hipótesis.

En primer lugar, está claro que aparece una nueva generación, de ahí esa doble "ese" para distinguirse del padre. No hay ruptura sino continuidad, pero con su propia personalidad. No tiene sentido que a estas alturas D. Manuel Groso recuperase una forma olvidada de escribir su apellido. Él lo había castellanizado tal y como era pronunciado. Es algo lógico en un proceso de integración de las familias que proceden de la emigración. Lo vemos en muchos otros casos. Pero para el hijo es algo distinto y tiene sentido. Sin necesidad de romper con el padre marca su identidad al recuperar la raíz italiana. Él no necesita ya demostrar su plena integración en la sociedad sevillana y esa doble "ese" lo personaliza y distingue mejor. Además, como hombre de empresa, sabe que en esta nueva aventura un nombre foráneo da una determinada aureola, un caché especial al negocio.

En todo lo demás sólo hay, por lo menos aparentemente, continuidad. Es la coronación de la empresa iniciada por el padre para convertir un tradicional taller de cerrajería en toda una Fundición de Hierro con múltiples servicios. Como ya he advertido en otra entrada el padre debió tener el apoyo del hijo en la arriesgada aventura empresarial iniciada en la asociación con D. José Duarte. La prueba es que en aquella factura ya aparecieron unidos "Groso e hijo". No sería extraño, por otra parte, que el hijo fuera incluso el cerebro gris de esta operación.

Esta continuidad también la vemos perfectamente en la misma factura. La morfología de ésta no ha cambiado en nada con respecto a la última del padre. Los dos juegos de medallas a un lado y otro de los datos esenciales de la empresa. Aunque se haya trasladado el domicilio (Plaza de Armas), se recuerda el antiguo (en los Descalzos), para no dejar lugar a dudas.

Todo esto se puede ver analizando la factura que presentamos de fecha 30 de mayo de 1871.



Pero si nos detenemos en la sintaxis interna del diseño de la factura las diferencias son, sin embargo, determinantes. Es otra generación la que coge el relevo y se dispone a pilotar la nave en estos nuevos tiempos. Ya no es un artesano emprendedor que amplía con mucha prudencia su modesto taller de cerrajería, sino un hombre de empresa que dirige con decisión un negocio consolidado y con excelentes posibilidades de futuro.

Son muchos detalles los que nos marcan esas diferencias. El primero, desde luego, y fundamental, es la "marca" de la empresa: "M. GROSSO", el nombre del propietario, con letras grandes y cuidadas, en el centro. Nada de un título genérico, aunque esté asociado a un domicilio reconocible. Es el "antes" y el "después" de una empresa familiar que decide volar alto. Una frontera sutil pero tajante, que no deja lugar a dudas.

Otro detalle significativo es el muestrario de productos y servicios de la empresa "M. Grosso". Antes era la filosofía del "buen paño en el arca se vende". Bastaba decir Taller de Cerrajería y era suficiente. Ahora no, ya no vale ese concepto, es necesario explicitar todo lo que ofrece la empresa en un mundo cada vez más competitivo. Se ha traspasado, como ya he señalado en otras entradas, la frontera entre la factura como mero documento contable a la factura con un doble papel, contable y publicitario. De esta forma, con un nombre de "marca" de fácil recuerdo en una viñeta llamativa, se enumeran, debajo de cada medalla, los productos de la empresa, en dos grupos: Maquinaria y Cerragería (sic). Algo inexistente en las anteriores facturas, pero muy importante para los nuevos tiempos.

Otro detalle significativo es el nuevo domicilio de la empresa. La Plaza de Armas es en estos momentos el nuevo "polígono industrial" de Sevilla. Su reciente urbanización ha llevado allí, al lado del río, la estación de ferrocarril y empresas pioneras como la Fábrica de Gas o la fundición de los Hermanos Portilla y White. Los Descalzos quedaban muy a trasmano, en pleno laberinto de calles del viejo casco de Sevilla. No era el lugar adecuado para una empresa de este tipo. Con acierto y con visión de futuro se traslada a ese nuevo domicilio mas acorde con las expectativas que tiene. Por supuesto recordando que antes estaba en el otro lugar. Para D. Manuel Grosso las raíces, la tradición o la historia son importantes, como señas de identidad, para acometer el futuro.

Y un último detalle que no soy capaz de interpretar, pero que me choca. En las facturas del padre, como ya he indicado en la entrada anterior, siempre se escribe correctamente la palabra "cerrajería", algo inusual en su época, porque en la mayoría de las de sus competidores la "jota" se convierte en "ge", igual que en las tiendas de tejidos que ofrecen "géneros extranjeros" ésta última palabra se escribe con "g". Es lo habitual, y hay que esperar a las últimas décadas del siglo para ver mejorar la ortografía. Sin embargo en esta factura de su hijo, al que suponemos una formación académica superior a la de su padre, se escribe "cerragería". Debe haber una explicación, pero no soy capaz de encontrarla, porque en las siguientes facturas se sigue cometiendo el mismo error ortográfico.

Tal vez sea ese afán por respetar las raíces de la tradición. El padre fue capaz de romper con ellas. Castellaniza su apellido y podía jactarse frente a sus competidores de escribir correctamente en su lengua adoptiva. El hijo no necesita, como ya he dicho, demostrar nada y por eso vuelve al origen de su apellido y a la escritura familiar y popular de la palabra "cerrajería" que no es, al fin y al cabo, más que una sección de una gran empresa: Fundición de Hierro de M. Grosso.

Para completar esta entrada recojo este encabezamiento del papel de carta de D. Manuel Grosso, hijo. Es muy significativo, porque se aparta de lo que era habitual, como ya he explicado en las entradas relativas a los sellos privados, y no utiliza ni un membrete con sus iniciales ni tampoco la reducción de la viñeta de la factura a un minúsculo tamaño. Es su nombre y, como diríamos hoy, su título académico.

En definitiva, asistimos a la eclosión de una nueva clase empresarial, con una sólida formación académica, que ahora se hace cargo de la empresa familiar.

jueves, 4 de febrero de 2010

La factura definitiva de M. Grosso

Cinco años más tarde el giro empresarial del negocio de Manuel Grosso se ve refrendado con una nueva factura que representa ya un nuevo modelo, distinto morfológicamente del anterior, heredado de su padre. Los elementos (textos y medallas) se mantienen pero el diseño ha cambiado radicalmente.

La presento en un ejemplar de 31 de marzo de 1876, el más antiguo que he encontrado. Coincide con la vuelta de los Duques a Sevilla, para la futura boda de su hija, Mª de las Mercedes. Este feliz acontecimiento hacen necesarios sus servicios en el Palacio de San Telmo para acondicionarlo adecuadamente.

Este modelo va a ser ya el definitivo, porque se mantiene hasta la desaparición de la empresa, entrado ya el siglo XX. En la próxima entrada presentaré una variante que sólo estuvo vigente dos o tres años, para volver después a este diseño. En total tuvo una vida de mas de veinticinco años, lo cual en este mundo de facturas es todo un record.



Curiosamente este modelo se parece más al de la factura de D. José Duarte, de 1857 o de 1863 (aunque ésta nunca fue utilizada como tal porque estaba incompleta, como ya la presenté). El motivo central en ambos es una cartela recta, como una barra, donde figura el nombre empresarial. De esa cartela salen unos roleos que sostienen las medallas y las unen al motivo central de una forma delicada y elegante. Todo lo demás sigue igual, incluso la palabra "cerrajería" escrita con "g". Pero desde luego la prestancia y categoría de la factura ha ganado muchos enteros con respecto a las anteriores. En definitiva, es el mejor escaparate para una sólida empresa.

Me da la sensación que tanto el padre como el hijo eran muy cuidadosos en la elección del diseño de sus facturas, y que cuidaban mucho los detalles. En este sentido es significativo que, para su nuevo modelo, Manuel Grosso, hijo, eligiera una imprenta francesa (Bregel y Javal, Paris) para su confección. No sólo se nota en el diseño e impresión sino también en la calidad del papel, algo que es difícil mostrar en la reproducción que ofrezco en la pantalla.

Sólo un detalle más. Sigue escribiendo cerrajería con "g". A lo mejor no es más que una cabezonería por alguna discusión que mantuvo con el padre y yo me estoy quebrando la cabeza. Podría ser incluso para psicoanalizarlo, porque en estos impresos de remisión de pedidos, como el que presento ahora, de 1877, se escribe correctamente.



Y para terminar esta entrada presento una factura de otra empresa del ramo que da cuenta de un encargo de D. Manuel Grosso para el Palacio de San Telmo. Es la prueba de esa nueva mentalidad empresarial. Se utiliza a esa empresa como subsidiaria, para completar o rematar algo que a ellos no les compensa acometer. Como ya he dicho son nuevos tiempos.

lunes, 11 de enero de 2010

Los sellos de Isabel II (1)

Si he presentado los sellos de D. Rafael Esquivel Vélez, entre 1850 y 1870, quiero ahora presentar los de otro personaje completamente diferente: la propia reina, o ex-reina, Isabel II, hermana y cuñada de los Duques, justo a partir de esa fecha de 1870, exiliada en Francia, despues de su derrocamiento en 1868.

Son los membretes que lleva la correspondencia particular de Isabel II a su hermana Luisa Fernanda o a su cuñado, Antonio de Orleans, que fue tan importante en la década de los años 70 por las graves desaveniencias que hubo entre ellos, primero, y el acuerdo posterior para la boda de sus hijos.

El primer ejemplo de sello es éste, con variaciones según el color utilizado. El modelo lo presento primero en una carta de 1875 para que se compruebe su tamaño.



Ahora ya lo podemos ver en grande para comprenderlo bien. Es una flor de lis, símbolo de los Borbones, con la corona real, y en las hojas el nombre de Ysabel (así le debía gustar escribir, con "y" griega) en una, y en la otra Borbón. Está impreso con tinta negra y pertenece a una carta de 1871.


Los siguientes sellos son ya de distintas fechas del año 1872. En éste y el siguiente se utiliza el color, con predominio del dorado.



Son idénticos salvo en el color de fondo utilizado. En el de arriba rojo oscuro, y en el de abajo violeta claro.



Y la última variante de este modelo es este sello en seco de finales de 1872.



Por cierto que el mismo modelo es el utilizado por su hijo Alfonso, el futuro rey, como en esta carta de 1873, dirigida a su "querido tío", el Duque de Montpensier, el padre de su futura esposa. Es la prueba de que ya está en marcha la solución de las pasadas turbulencias familiares.

domingo, 10 de enero de 2010

Los sellos de Isabel II (2)

Entre los años 1873 y 1875 la reina Isabel II utiliza un nuevo modelo de sello en su papel de carta, aunque no abandona totalmente el anterior.

Aquí presento una carta de 1875, cuando ya las relaciones dentro de las familias se han solucionado con la futura boda de los hijos de ambos, Alfonso XII, ya rey en esta fecha, y Mª de las Mercedes.



Este es el detalle concreto, extraído de otra carta distinta, de 1873. Por este motivo los colores no son idénticos. Se juega, como se puede ver, con motivos florales, aprovechando que la letra Y, inicial de Isabel, se convierte en una rama de la que salen hojas y rosas. Como vive en París exiliada, es de suponer que el diseño es parisino y de notable calidad. Además con este tipo de membrete puede, de forma diplomática, renunciar a exhibir la corona real, para evitar susceptibilidades.



Éste es el membrete de la carta de 1875 con la que iniciaba la entrada. En comparación con la de 1873 me parece que se ha mejorado incluso la calidad de impresión, por este motivo la presento en detalle por su belleza y su cuidado, propia de una persona de su categoría. No olvidemos que ha sido la reina, aunque ahora lo sea sólo en el exilio.

sábado, 9 de enero de 2010

Los sellos de Isabel II (3)

Pasados los momentos de la crisis revolucionaria de 1868-74 y enfilada la Restauración, con la vista puesta en la próxima boda de Alfonso XII y Mª de las Mercedes, la hija de los Duques de Montpensier, aparecen estos nuevos sellos de Isabel II, realmente espectaculares. Reflejo seguro de esa estabilidad optimista que aparece en el horizonte español.

Son dos cartas dirigidas a "Mi muy querido hermano Montpensier", despues de lo que había pasado entre ellos, puede ser irónico o hipócrita. Ésta es de 1875.



Aquí está el detalle del sello para poder comprobar la calidad del diseño y de la impresión. No se olvide que ha sido la reina y, ahora es la reina madre, pero ni por esa escribe derecho. Se tuerce igual que los niños chicos.



Esta otra carta es de un año despues, 1876.



Mientras que en la anterior utiliza las letras Y y B enlazadas, ahora es su nombre Ysabel completo.



De la misma década de los años 1870 puedo presentar este sello de otro personaje de la familia real, muy interesante por ser de su mismo estilo. Pertenece al Duque de Riansares, Fernando Muñoz, esposo de Mª Cristina de Borbón, viuda de Fernando VII, y padrastro, por tanto de Isabel II y Luisa Fernanda. En una carta de 1873 dirigida a esta última utiliza este sello en el que se puede leer perfectamente tanto el nombre, Fernando, como el apellido Muñoz, aunque éste en una difícil, e inteligente, composición.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Calle Sierpes: Abanicos, Sombrillas, ... (4)

Hemos llegado a la década de 1870. Según las facturas del Archivo que, logicamente recogen sólo las compras de los Duques y sus empleados, existen dos comercios de este género: el ya conocido de Vides y Terán, pero ahora regentado por su viuda, y el de Colomina y Domínguez que, según dice D. Nicolás Salas (Mercurio Sevillano. Homenaje al comercio tradicional de Sevilla) es el antecedente de la Casa Rubio.



D. José Colomina y Arqués (1809-75) fue el creador del abanico moderno en la España de Isabel II como producto de lujo pero asequible al bolsillo de cada vez más gente, mediante la producción industrial que abarataba costes, pero no calidad. En 1872 el rey Amadeo de Saboya le dio el título de Marqués de Colomina. En Valencia tenía su fábrica y, según dice en la factura, contaba con tiendas en Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla. La de nuestra ciudad se situaba en la calle Sierpes, número 82, aunque en otra factura, conservada en el Archivo, de sólo un mes antes, se ha corregido el 2 por un número que puede ser tanto un 1, un 7 o un 9, no se distingue bien. Según D. Nicolás Salas estaba establecida desde 1853, pero no he encontrado ninguna factura de entonces. Pienso que era una fábrica de abanicos con sede en Valencia y que serviría desde esa fecha a cualquiera de las tiendas de la calle Sierpes y, ya en los años 70 o antes, la empresa crearía su propia red de venta, como prueba con toda seguridad esta factura.

La otra tienda es ahora de la Viuda de Vides y Terán, que conserva el mismo modelo de factura que su marido salvo el cambio de nombre y el número de la calle que es justamente el 81. Es decir, al lado o enfrente de la de Colomina y Domínguez. Incluso puedo aventurarme en pensar que lo que sucede es que tiene la representación de sus productos y por eso la cercanía de los números de la calle. Tal vez por eso en las facturas de esta casa no se utiizan los abanicos en su diseño, porque su venta se hace como delegación de Colomina y Domínguez. Así el antecedente de la Casa Rubio sería precisamente Vides y Terán.



La factura es igual que la anterior pero ya no figura el nombre de Carlos Santigosa. Es otro punto que no entiendo, porque este señor murió en 1899, pero desde 1870, más o menos, se pierde su rastro en el Archivo. Después de esa fecha sólo he visto una carta firmada por su hijo y ya no existen mas facturas con el nombre de su taller.

Para terminar sólo llamar la atención para que el lector compare los dos modelos de factura y saque su propia opinión. Para mi, triste y desangelada la de Colomina, y alegre y vistosa, atractiva, la de Vides.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Bazar Sevillano, años 70

En los años de la década de 1870 se produce un cambio radical en esta empresa: nuevos propietarios, Ramos y Moreno; nuevo domicilio, Tetuan 8, junto al Teatro; y nuevo estilo en la factura, con más adornos e información. Por cierto que ésta se imprime en una Litografía de París, M. Gerault.

Pero, en resumen, ahora ya es capital sevillano y empresarios autóctonos, que cuentan, además, con una trayectoria previa importante.



El apellido Ramos nos lo encontramos en muchas de las empresas sevillanas del último cuarto del siglo XIX, unas veces de forma colectiva (Hermanos Ramos) y otras de forma individual. El otro apellido que forma esta sociedad del Bazar Sevillano, Moreno, está presente también en muchas empresas pero, en cambio, no puedo asegurar que corresponda siempre al mismo individuo o familia.

Por ejemplo, de 1869 puedo presentar una factura de El Candado, en la calle Cuna de "Ramos Alonso y Fernández".



En 1873, éstos últimos son los propietarios de La Llave como "Alonso Fernández y Cª" (luego serán "Alonso Hermanos y Cª") y aparece como único propietario de El Candado "Enrique Ramos", en una factura de 1876, el mismo año en el que el negocio, un poco más tarde, será traspasado a los "Herederos de Labayen".

La firma de Moreno la relaciono con la ferretería de La Orden y Moreno, situada en las calles Siete Revueltas, 18 y Alcaicería, 42, entre los años 1856 y 1864. En esta fecha se traslada a la Plaza del Pan, 4, hasta que, hacia finales de 1873 o principios de 1874, es traspasada a la sociedad "Sánchez García y Cª".



Si mi hipótesis es correcta, tanto ese Ramos como ese Moreno, disponen, desde mediados de la década de 1870, del capital suficiente para hacerse cargo del Bazar Sevillano, como asi sucedió y lo prueba la factura de 1878.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Torre del Oro (5)

En 1876 esta factura de Urquiza y Barrial, fábrica de camas de hierro dulce, es la que vuelve a utilizar la imagen de la Torre del Oro en el diseño. No creo que el diseño sea original, sino basado en un modelo de factura que se repite con variantes en otras de empresas diferentes.



He conectado los dos detalles de los laterales de la fábrica y se ve perfectamente que es un paisaje ficticio en el que el único punto reconocible de Sevilla es su famosa Torre.



En esta otra factura de la misma empresa, pero del tamaño de una cuartilla (la otra era similar a un folio), el paisaje es más verosímil, pero igualmente ficticio.



Si repetimos la operación de antes y unimos los paisajes de los laterales de la fábrica podemos observar un puerto más homologable con el Guadalquivir, pero las montañas del fondo nos alejan de la realidad sevillana.



Lo que nos vienen a demostrar ambas facturas es el valor de símbolo de la Torre para localizar en Sevilla una vista standard que podía ser de cualquier puerto.

Para terminar con esta empresa presento una última factura de 1880 en la que los propietarios son ahora los hermanos Urquiza, pero el diseño no ha variado salvo en el rótulo de los titulares.

martes, 21 de julio de 2009

Las facturas de Concepción Sánchez, hija de Vicenta Carballo, 1878.

En otras entradas de este blog se ha explicado que las circunstancias históricas a partir de 1868 van a marcar para la familia ducal un antes y un después. Esto va a repercutir igualmente en nuestra modista. El exilio de los Duques en Lisboa, primero, y, luego, en Francia, hace que se rompa la relación profesional con Dª Vicenta Carballo, aunque no la amistad, como podemos ver en cartas de la Duquesa. Por este motivo desde 1870 no hay mas facturas del taller de la Sra. Carballo e Hijas. Sus clientes no residen en Sevilla y el palacio está prácticamente cerrado.

Sin embargo la proclamación de Alfonso XII como rey de España, en los últimos días de 1874, la residencia en los Reales Alcázares de la reina madre, Isabel II, y el compromiso matrimonial del rey con Mª de las Mercedes, hija de los Duques, abre la esperanza de que todo vuelva a ser como antes o incluso mucho más.



En este nuevo contexto nos encontramos con otro modelo de factura. Pero ahora la titular de la empresa es Concepción Sánchez, que es una de las hijas de Vicenta Carballo, como se aclara en la propia factura, y no es la única novedad. La más significativa es la de ser modista también de S. M. la reina Dª Isabel II. Por eso los escudos se han doblado pues, a los de los Duques, se añade el de la reina madre, contenidos en sendos círculos abiertos. Ambos resguardados bajo el manto real de armiño y coronados por las coronas correspondientes (la real para Isabel y la ducal para su hermana Luisa Fernanda). Todo a su vez envuelto en un óvalo rodeado por adornos espirales, derivados de los antiguos roleos y decorado con algunas formas vegetales. Las líneas se multiplican, las letras se rodean de líneas paralelas y la línea curva del pendolista domina como en los cuadernos de caligrafía de la época.
Hay otras diferencias secundarias, como que el taller, aunque sigue en la misma calle Menjibar, ahora está en el número 9, ¿cambiaron de casa o hubo nueva numeración para la calle? Y, por último, la imprenta que confecciona la factura está indicada como “Lit. Alemana, Génova, 6. Sevilla”, justo el taller que en esta etapa va a tener más relevancia en la ciudad, con el impresor Carlos Schlatter.

Desde luego la factura no ha perdido, con respecto a las anteriores de la madre, el porte y la distinción que las caracterizaba, y es que parece iniciarse una nueva etapa llena de esperanzas. Para resaltar esto he elegido una factura de un vestido para la próxima reina de España, Mª de las Mercedes, con fecha 8 de enero de 1878, es decir quince días antes de su boda (23 de enero), y del mismo día hay otra de su hermana Mª Cristina. Nos imaginamos el taller de Concepción Sánchez funcionando a tope, en contra del reloj, porque los encargos debieron de llover en el otoño-invierno de 1877-78.

El traje de Mª de las Mercedes que se ha confeccionado es de raso rojo, con mantilla y cuerpo de terciopelo rematado con flecos. Creo que nos puede ser fácil localizarlo en los retratos de esta princesa sevillana.

Todo este conjunto de novedades dan la sensación que todos se disponen a vivir una nueva época. Para la familia de Antonio de Orleans y de Luisa Fernanda se han superado los tiempos de la revolución. Parece que la corte de los Montpensier vuelve a brillar en Sevilla. En muchas facturas sevillanas de este año de 1878, de comercios muy distintos, se incluye, con orgullo, que son proveedores de la Casa de la joven reina.

Ya sabemos como terminó desgraciadamente esta historia. El 26 de junio, sólo cinco meses después, fallecía la reina. En abril del año siguiente era su hermana Mª Cristina la que seguía su camino. Debió ser muy duro para aquellos padres y desde luego a partir de ahora comienza una etapa en la que la presencia de los Duques en Sevilla es muy discontinua y de breves temporadas. La actividad de Concepción Sánchez ligada a los Duques se pierde en el Archivo y no volvemos a saber más de ella.

Para concluir esta quinta entrada de mi colaboración en este blog quiero señalar como, a través de este mundo de las facturas, hemos podido ver en directo la historia de una familia, los Montpensier en Sevilla: los primeros años cuando llega la Infanta como Princesa de Asturias; el nacimiento, y la muerte también, de sus hijas; los periodos de ausencias o exilio de Luisa Fernanda; la utilización de los escudos oficiales de la familia y el significado que estos tienen según las épocas; la presencia de la Reina Isabel II en Sevilla; y la boda de la Infanta Mª de las Mercedes con Alfonso XII.

Y sobre todo me ha permitido incluir en la Historia a dos personas desconocidas hasta ahora: Vicenta Carballo y Concepción Sánchez. A partir de ahora tienen su rincón en la “memoria histórica” de Sevilla.

M.D.R.D.

viernes, 10 de julio de 2009

José Pelli en 1871

En 1871 tenemos un nuevo modelo de factura de José Pelli, muy semejante a la de 1865, pero con pequeñas diferencias muy interesantes. Sin embargo, no se utiliza como tal factura sino como presentación de un presupuesto para la construcción de un Panteón familiar en el propio Palacio de San Telmo.



Comencemos con las diferencias. La primera es un mayor barroquismo en los adornos decorativos. La segunda es la aparición de una medalla más. Efectivamente, se ha agregado la de la Exposición de la Academia de Bellas Artes de la Provincia de Cádiz, celebrada poco antes. Otra tercera diferencia es el domicilio, ya definitivamente trasladado a la calle Lombardos, nº 1, donde permanecerá largo tiempo, a juzgar por otras facturas posteriores. Y la última diferencia mas destacable, para mi la más importante, es la incorporación de sendos letreros, debajo de las medallas, que nos vienen a indicar que el negocio del Tejar del Serrano (éste u otro idéntico) sigue perteneciendo a José Pelli. Son muy descriptivos esos letreros que dicen “Adornos de barro cocido” y, sobre todo, “Fábrica de losetas aprensadas y raspadas”, como en la de 1860 del Tejar del Serrano.

Si todo esto tiene interés, mucho más lo tiene el contenido de ese Presupuesto. Se trata, como ya he dicho, de la construcción de un Panteón familiar en el Palacio de San Telmo, en Sevilla. Es signo de los nuevos tiempos que corren en España. La Revolución de 1868 ha cambiado muchas cosas. La caída de Isabel II, ha hecho que su familia, a la que pertenecen los Duques de Montpensier (Luisa Fernanda es la hermana de la ex-reina Isabel II) pierda el status institucional que tenía. Y, por otro lado, el Duque ha visto como se desvanecían sus esperanzas de ser nombrado rey. D. Amadeo de Saboya ha sido el elegido. A partir de ahora todo lo que había sido respeto y pleitesía hacia los Duques, en Sevilla, se diluye e, incluso en algunos aspectos, lógicamente, desaparece.

Esta situación se concreta dramáticamente en la cuestión del Panteón Real de la Virgen de los Reyes en la Catedral de Sevilla. Allí estaban enterrados los restos de sus dos hijos, Regla y Felipe. Ahora ha fallecido Amelia (noviembre de 1870), una joven en la flor de su vida, un terrible golpe para sus padres, justo cuando los tiempos no corren ya a favor de los Duques. De ahí la necesidad de plantear una alternativa que es su propio Panteón en el mismo Palacio.

El encargo lo recibe José Pelli quien, por su relación con José Frapolli (especialista, como dice en una de sus facturas, en “monumentos fúnebres y lápidas”), es el más idóneo para semejante tipo de obra.

Transcribo, por su interés, el texto, corrigiendo algunas palabras dudosas que imagino son producto del origen italiano de Pelli:

“Presupuesto del Panteón que sus Altezas Reales los Serenísimos Señores Duques de Montpensier que se proyecta hacer en el Palacio de San Telmo:
- molduras de puertas y ventanas .......... 2.800 reales
- paredes (aunque pone paderes) ........... 8.300 reales
- dos escudos, peanas o adornos de repisas, una lápida ......................................... 2.950 reales
- zócalo (pone socalo) .................... 1.000 reales
- tumbas, sumar las columnitas del altar, las tapas y figuras ................................. 4.840 reales
- Suma ................................... 19.890 reales
Sevilla, 3 de marzo del 1871. José Pelli”

En el documento se observa que está marcado a lápiz como conforme los tres primeros, y tachados los dos últimos. No se si es así o es una mera elucubración, pero en el Archivo seguro que se puede seguir todo el proceso de construcción del Panteón, porque hay bastantes facturas del Sr. Pelli y la correspondencia de los empleados del Duque en Sevilla con éste o con su secretario.

Casualmente tengo escaneadas, por otros motivos, dos facturas de este mismo empresario de los años 70 y en una, de 1876, se factura, entre otras cosas, “la limpieza del estuco del Panteón”, y en la otra, de 1879, se factura “por un escudo de armas de España modelado expresamente según dibujo y fundido en piedra artificial” y exactamente igual con otro escudo de la Casa de Orleáns.

jueves, 9 de julio de 2009

José Frapolli Pelli, 1878 y 1879

Frapolli y Pelli, o viceversa, se entrecruzan continuamente, pero por estas dos facturas del primero, que presento en esta entrada, parece que los negocios de ambos se han desvinculado, por lo menos hasta cierto punto. Pelli sabemos que tiene ya un lugar destacado en Sevilla, con encargos importantes de otros clientes, además de los Duques, y vemos, en estas facturas, que Frapolli tiene su propia sucursal abierta en la ciudad, en la calle de las Marinas, 3 y 4, como se dice en la primera de ellas, fechada en el año 1878, o en la calle de la Marina, en singular, en la de 1879. Por cierto que no logro localizar esta calle, a no ser que fuera la llamada de “la Mar”, la actual García de Vinuesa, pero el nombre se le había cambiado hacia tiempo, y a la altura de estos años todas las facturas de los establecimientos de esa calle dan el nuevo nombre, y ni siquiera recuerdan el antiguo, como se suele hacer cuando es reciente el cambio o no ha calado en la gente. En otra factura distinta, también almacen de piedras para la construcción, pone "calle Marina, a orillas del río", es lo único que he podido averiguar.

Los encargos de estas dos facturas van destinados al Palacio de Sanlúcar. En la primera se trata de la adquisición de losas de distintas clases, pero muy caras




en la segunda, de un año después, 1879, la compra es de dos chimeneas de mármol blanco para el mismo Palacio.




En la cabeza de los Duques debía de estar la idea de dejar un palacio para cada hijo. A Isabel, la hija mayor, casada con el Conde de París, el Palacio de Villamanrique; a la malograda Mª de las Mercedes, el Palacio de Castilleja de la Cuesta; y a su único hijo varón con vida, Antonio, el Palacio de Sanlúcar de Barrameda. Ahora, con vistas ya al prometido enlace con su prima Dª Eulalia, hija de Isabel II, se preparan con tiempo las obras de mejora del Palacio.

Por último, analicemos las facturas porque obedecen a un nuevo modelo, distinto de los que hemos visto hasta ahora, que puede servir como tal factura pero también como papel de carta. El encabezamiento de la factura en vez de llenar la parte superior de la hoja, sólo ocupa el lateral izquierdo superior, como si fuera el membrete del papel para la correspondencia comercial. Ya lo hemos visto, por ejemplo, en algunas de la serie de facturas de Ramón Piñal, pero entonces no lo hice notar. A este modelo le llamo de factura-carta para definirlo, porque puede tener un doble uso, según las necesidades empresariales.

Aún respondiendo a un mismo modelo, cada una de las dos facturas tienen un estilo diferente. La de 1878 es más artística, con unos dibujos muy elaborados y bien elegidos, y en cambio la segunda prefiere la información, aún a costa de ser un poco farragosa y cargada. Por este motivo, la de 1879 es la más interesante para analizar, porque a través de ella nos enteramos de aspectos que en las otras no hemos podido advertir.

Lo más importante es conocer la estructura empresarial: casa principal en Carrara; sucursal en Sevilla; y depósitos en Málaga y Bilbao. La verdad es que deshace la idea que me había hecho buscando información sobre este personaje. A través de lo que he podido encontrar y leer, para mi su centro estaba en Málaga y desde aquí se distribuía a los clientes, por eso José Pelli había actuado como intermediario en un servicio anterior. Esta idea tenía su lógica porque el mejor medio de transporte de un material tan pesado como la piedra es, indudablemente, el barco y, por lo tanto, un buen puerto marítimo es esencial, como el de Málaga. Pero en este documento queda muy claro.

Queda también muy bien definida la gama de productos que pueden trabajar y servir. Se puede leer perfectamente y no hace falta copiarlo, además ya hemos visto como los Duques han adquirido bastantes de ellos.

También es muy interesante la Nota que acompaña a la factura. Es un nuevo mundo económico y las facilidades al cliente se detallan en un largo párrafo, que también es una novedad entre todas las facturas que hemos podido ver hasta ahora.

Por último, el detalle de cómo se sigue manteniendo en esta factura el recurso de los cambios de letras, viejo sistema que todavía hoy sigue vigente.

sábado, 20 de junio de 2009

Otra factura salida de los talleres de "El Porvenir"

Como ya hice en las entradas correspondientes a los años 50, quiero acompañar la labor de la imprenta en los años 70 con una factura representativa del momento, pero de otra empresa y, por supuesto, realizada en sus talleres.
He elegido ésta porque es de Triana y, hasta ahora, no he presentado nada de esta parte de Sevilla. No hay duda que era la zona industrial de la ciudad y de ella son incontables el número de facturas, muy centradas en la alfarería, pero también en el esparto y el cáñamo o en la producción de jabón, y, siempre, con el nombre de Triana al lado del de la calle. La personalidad del lugar es innegable hasta en ese detalle.



Es una factura muy simple, pero muy bien diseñada. Aparentemente responde al modelo estrictamente contable, con el nombre del propietario y del domicilio muy bien destacado, pero incorpora, a ambos lados, una lista de los productos que elabora, propio de la factura-muestrario. Es un tipo mixto entre ambos modelos, diríamos para clasificarla.
Pero hay otro motivo para explicar su elección y es el nombre de la persona que ha hecho el encargo del material. Se lee perfectamente: Juan Talavera, el arquitecto que ha ocupado el lugar de D. Balbino Marrón, ya fallecido, en los proyectos constructivos de los Duques de Montpensier. Lógicamente nos referimos a Juan Talavera y de la Vega, pues en esta fecha el hijo, Juan Talavera Heredia, ni siquiera había nacido.
Debido a las circunstancias políticas vividas a partir de la Revolución de 1868, los duques faltan de Sevilla desde, practicamente, 1870. Han vivido en el exilio en París, incluso han acondicionado una vivienda a su gusto en esa ciudad, pero ahora está en marcha la futura boda de su hija, Mª de las Mercedes, con su primo el rey Alfonso XII. Es explicable así que, desde Francia, se hayan dado órdenes para preparar el palacio de San Telmo y el de Castilleja con vista a los próximos acontecimientos. El arquitecto de la Casa Ducal comienza a poner en marcha esos proyectos y esta factura es la prueba.
Como ya sabemos, de esta relación con sus clientes, los Duques, surgirá el "Costurero de la Reina", años más tarde.

jueves, 18 de junio de 2009

La imprenta de "El Porvenir" en los años 70

Con D. Ramón Piñal y Alba hemos asistido a la transición entre la primera y la segunda generación de la familia Piñal. A través de las facturas que he podido estudiar entiendo que a partir del año 1872 el padre desaparece de los negocios que hemos seguido en las entradas anteriores. En el Almacén de Maderas es así, porque hasta ese año sigue firmando en las facturas, pero en las suscripciones al diario "El Porvenir" se deja de utiliza su sello ya a final de 1870. El motivo lo desconozco, pero no sería de extrañar que, por motivos de salud, fuera dejando sus negocios en manos de sus hijos de forma progresiva. Desde luego, a partir de 1872, no encuentro ya ninguna referencia más del padre.
Esta es la última suscripción, diciembre de 1870, que lleva su sello, el mismo que se utilizaba desde los años 50. Por cierto, es curioso observar que ahora las oficinas están en Sierpes número 33, siguen, por tanto, deambulando por esta calle.


A partir de ahora, éste será el nuevo sello. Aquí presento uno del año 1875, pero es que, en las facturas de suscripciones de años anteriores, la impresión del sello, por un motivo o por otro, no se ve bien al escanear. Son papeles muy pequeños, del tamaño de una tarjeta de visita, guardados de cualquier manera, sin el menor cuidado, y lo que más sufre es justamente el sello. He elegido éste porque se lee perfectamente la nueva razón social: "Piñal y Alba Hermanos".


La misma que vemos en esta factura de la imprenta, del año 1876.



Esta es una de esas facturas que yo clasifico como factura-muestrario, porque indica los trabajos que se pueden hacer en la imprenta, por este motivo es muy instructivo fijarse en esa lista que aparece al margen y conocer el tipo de papeles impresos que se necesitaban en aquellos tiempos. La novedad, para mi, aunque debo de comprobarlo con más consistencia, es que es la primera vez que aparece en una imprenta que pueden hacer "carteles", justo el símbolo de la publicística de los nuevos tiempos. Ya es un detalle que ellos mismos utilicen el color de tinta azul en la confección de su factura.

martes, 16 de junio de 2009

Una última versión de la misma factura


Es la última que presento del Almacén de Maderas. En el Archivo no existen mas variantes. Es de septiembre de 1876 y se ha abandonado el tipo de factura-muestrario, de la entrada anterior, para volver al tipo de factura inicial, que he definido como pre-cartel, es decir, con una imagen bien significativa y muy llamativa, como es la que se utiliza desde 1867. Sólo que se ha reducido un poco el espacio que quedaba a la izquierda del edificio de los Piñal, por lo que el antiguo Almacén de Madera del Rey casi desaparece. También se ha eliminado el marco, sustituido por unos adornos idénticos a un lado y otro. Y, por último, ya figura el nombre completo del nuevo propietario: D. Ramón Piñal y Alba.
Poco más voy a destacar, salvo que la venta recogida en la factura no es de madera, sino de cemento, prueba de la diversificación empresarial que vimos en la entrada anterior.
En el Archivo ya no tenemos mas documentos de este empresario que lo impliquen en otras actividades, salvo los que puedan corresponderle de la razón social "Piñal y Alba Hermanos", utilizados para firmar las suscripciones al diario "El Porvenir" y las facturas de la imprenta.
Si conozco por el libro de D. Francisco Aguilar Piñal, Vencer la noche, su implicación en la pugna para instalar la iluminación eléctrica en Sevilla, en los años 90, lo cual viene a corroborar el carácter de inquieto y decidido empresario que hemos podido observar a través de esta serie de facturas.
Termino esta entrada para hacer notar la presencia de las primeras pólizas en estos documentos de compraventa. Recuerdos del ayer, que perdurarían mas de un siglo.

domingo, 14 de junio de 2009

La factura-muestrario de 1873

En este año nos encontramos con una nueva factura de los Almacenes de Maderas de R. Piñal, pero en realidad es casi idéntica a la de 1867, ya presentada, con la particularidad de tener un reverso en el que se enumeran y describen los distintos negocios de D. Ramón Piñal y Alba, hijo, que ya ha debido de hacerse cargo de ellos (por fallecimiento del padre o por encargo de éste, ya que desconozco la fecha de su muerte para asegurar una causa u otra). Se puede clasificar como el tercer tipo de factura que, en una entrada anterior, analicé: la factura-muestrario, en la que se hace un catálogo de productos o servicios de la empresa o del empresario. De la misma manera que ahora se buzonean las ofertas de los grandes almacenes, ya entonces se practicaba algo así con las propias facturas. No era algo inusual y tendremos ocasión de ver algunas muy interesantes, tanto como ésta que presentamos, porque nos dan una información de primera mano sobre aspectos que no encontraríamos de otra manera.

Este es el anverso, igual que el de 1867, aunque sin el rótulo de "Almacén de Maderas" en la parte superior del dibujo.



Pero fácilmente se observa la novedad que aporta, puesto que el papel se transparenta mucho, al no ser de calidad. Damos la vuelta a la factura y éste es el reverso que nos interesa:



Aunque se lee perfectamente, resumo brevemente los negocios que dirige D. Ramón Piñal y Alba, nombre que figura en el encabezamiento:
- almacén de maderas, de la calle Reyes Católicos,
- bacalao de procedencia variada (aunque parece que se ha tachado con una línea negra),
- cemento inglés de Pórtland, que se vende en los mismos Almacenes de Madera,
- Revalenta arábiga de los Srs. Barry du Barry y Cia. de Londres. Se pueden pedir prospectos e instrucciones en la calle Once de Febrero (O’Donnell), donde estaba la imprenta del Porvenir entonces,
- Extracto de carne Liebig. Se vende en el mismo sitio, pero ahora pone el nombre anterior de la calle, O’Donnell, el mismo que sigue llevando hoy.
- Imprenta y Litografía de El Porvenir, y aquí ponen el nombre antiguo de la calle y el nuevo, es decir, O’Donnell y Once de Febrero.
- El Porvenir. Diario Político.

En definitiva, el hijo (Ramón Piñal y Alba) se ha hecho cargo de las dos empresas. El Almacén de Maderas y la Imprenta y el Diario del Porvenir son ahora suyas, aunque desconozco el motivo, como ya he dicho arriba, si por fallecimiento del padre (Ramón Piñal Martínez) o por delegación de éste, que intentaría así introducirlo en las tareas empresariales, bajo su tutela. Desconozco la fecha de la desaparición del padre, pero, es verdad, que a partir de 1872 no encontramos ya ningun rastro en la documentación del Archivo.

Un último detalle. "El Porvenir" lo vimos que desfilaba por la calle Sierpes, en las sucesivas facturas que presenté, correspondiente a los años 50. Primero estuvo en el número 13, para trasladarse luego al número 116, y, posteriormente, al número 33. Ahora, en los años 70, está en la calle O'Donnell, número 46, la antigua calle de la Muela y, durante 1873, calle Once de Febrero.

La factura de 1871



Como se puede observar es una variante de la de 1867. La viñeta es la misma, pero se la ha aislado de lo que son las señas esenciales de la empresa (nombre y domicilio), que quedan arriba a la izquierda, aunque el nombre del propietario se mantiene en la parte inferior del dibujo.
El otro detalle que se debe destacar es la firma: Ramón Piñal y Alba, es decir el hijo, que ya desde 1868 debe participar activamente en este negocio, pero del que todavía no habíamos visto su rúbrica. También su hermano Federico firma en otra de las facturas de estos años. Los hijos van entrando en las actividades del padre, bajo su supervisión, porque hasta 1872 éste sigue dejando constancia con su firma de quien dirige la empresa.

Aprovecho que ésta es una entrada breve porque ya se dijo todo en la anterior, para aclarar algo que me han preguntado sobre el edificio que se ve a la izquierda. Para ello tomo prestado del libro de Diego A. Cardoso Bueno, Sevilla. El Casco Antiguo. Historia, Arte y Urbanismo, (2006), sus palabras:

Almacenes de Madera del Rey. Utilizados como lugar de depósito y distribución de las maderas procedentes de la Sierra del Segura, que llegaban a la ciudad a través del Guadalquivir, fueron construidos en 1735. Su planta es rectangular y originalmente tenía un solo piso abierto, en tres de sus frentes, por medio de grandes arcos sobre pilares, rematándose el conjunto con áticos y garitas, coronados por frontones con pináculos. El edificio ha llegado a nosotros completamente transformado, al levantársele dos plantas de pisos sobre la suya propia, clausurándose los arcos de las fachadas, y disponiéndose una estación de autobuses en su interior, hasta hace pocas fechas. Estas obras fueron dirigidas por A. Delgado Roig y A. Balbontín Orta hacia mediados del siglo XX (página 264).

Esta cita nos sirve además para comprender mejor tres aspectos. Primero, el nombre de la calle que aparecía en la primera factura del Almacén (calle Segura). Segundo, que el lugar elegido no es sólo por el nuevo puente sino también por estar al lado del lugar donde tradicionalmente llegaba la madera a Sevilla. La visión empresarial de D. Ramón Piñal queda refrendada de una forma incuestionable: ahí están en el dibujo, uno al lado del otro, el viejo y el nuevo almacén de maderas. Y tercero, la imagen del Almacén como fue construido en 1735, sin las modificaciones del siglo XX.

lunes, 20 de abril de 2009

Sombreros



Dieciocho años más tarde el aspecto de la factura sigue siendo igual de simple, incluso se acentúa aún más por la desaparición de las medallas. Sólo el nombre.
Pero, precisamente por esto, hay algo que no encaja. Este año de 1878 es el año de la boda de Mª de las Mercedes, hija de los Duques de Montpensier, con el rey Alfonso XII. Todos los comercios sevillanos que anteriormente lucieron su relación con los Duques, ahora se apresuraron a afirmar que eran "proveedores de S.M. la Reina", incluso lo mantienen después de haber fallecido la joven reina, a los pocos meses de su boda.