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lunes, 8 de febrero de 2010

Manuel Groso y su primera factura con medalla

Estoy interpretando el lenguaje de las facturas porque carezco de información sobre este tema de las fundiciones y cerrajerías de Sevilla. Pero comparando ésta de Groso con las otras facturas del gremio de cerrajeros, guarnicioneros y hojalateros de su tiempo, me sorprende la posesión de una medalla otorgada en la Exposición de Sevilla de 1858. Es el único que la va a ostentar, algo que deduzco fue producto de un salto cualitativo en su carrera profesional.



Es sólo este detalle lo que cambia aparentemente, en esta factura de 31 de 0ctubre de 1862, porque todo lo demás es igual: nombre genérico (Taller de Cerrajería) y domicilio, como en la anterior factura. Pero la sintaxis, o el porte o el estilo, no se exactamente definir lo que es, ha cambiado radicalmente, sobre todo comparándolo con las facturas de los de su rama profesional. Las letras son más grandes, el rótulo se curva, el nombre del propietario se destaca ahora más, con unos tipos mayores.

Todo esto podrían ser puras disquisiciones sin sentido, pero por la lectura de las siguientes facturas puedo decir con seguridad que D. Manuel Groso (con su hijo, quien va a ser fundamental en este proceso) está iniciando una aventura empresarial nueva.

Pero llegado a este punto había algo que me hacía dudar. El problema era si ese hijo, que aparecerá en la factura de la entrada siguiente sólo como "Groso e hijo", tendría algo que ver con el cambio Groso/Grosso. Si no me aseguraba podía estar montando una hipótesis en falso.

Para resolverlo me dediqué a comprobar las firmas de las facturas para ver si en alguna de ellas aparecía la del hijo. Recuerdo que en las de D. Ramón Piñal me fue de mucha ayuda ver la del hijo que añadía el segundo apellido "y Alba", para distinguir la suya de la de su padre.

Aunque no soy grafólogo si creo que la prueba que voy a presentar es sólida. Todas las facturas están firmadas por el padre, como es lógico, de la forma que presento. He elegido esta muestra del verano de 1857, en concreto del 31 de julio:



Pero en la siguiente factura del 29 de agosto del mismo verano quien firma lo hace de esta forma:



Ya he dicho que no soy especialista en grafología, pero las rúbricas son muy diferentes y, sobre todo, en la segunda se escribe el apellido con dos "s". Me parece que es concluyente: esta firma es la del hijo que, a diferencia del padre, escribe su apellido como "Grosso".

domingo, 7 de febrero de 2010

Groso (e hijo) y su asociación con José Duarte

Esta factura (30 de abril de 1863) es la prueba de esa nueva aventura empresarial de D. Manuel Groso. El salto del Taller de Cerrajería a la Fundición de Hierro, fusionándose con D. José Duarte, de quien hemos conocido su factura. Y además ahora aparece su hijo (al que ya hemos visto firmar como Manuel Grosso) que, sospecho, es el cerebro gris de la operación.



En esta fusión Groso lleva su medalla (obtenida en la Exposición de Sevilla, de 1858), título de distinción empresarial, que Duarte no puede aportar. Podría ser la clave, porque en el Archivo he encontrado este presupuesto presentado por el segundo, el 19 de enero del mismo año, y fíjense en el detalle de la moneda de la izquierda. Falta el nombre. Imagino que las negociaciones serían duras para conseguir rellenar ese vacío.



En estas negociaciones D. Manuel Groso a cambio de aceptar el nombre de la empresa de D. José Duarte (Fundición de Hierro de los Descalzos) consigue que su nombre, y el de su hijo (los dos), vayan delante del de éste último, que su medalla quede bien destacada y, por último, que el diseño de la factura no recuerde el de la antigua Fundición (vease una entrada anterior y el modelo que en ésta debió proponer D. José Duarte) sino mas bien el del Taller de Cerrajería. Es una hipótesis, pero la lectura de los distintos diseños de las facturas no creo que deje lugar a dudas. Desde luego debió de jugar fuerte por lo que ya explicaré del futuro de la empresa recien nacida.

Lo que me sorprende es que no he encontrado ninguna referencia sobre esta Fundición en ninguno de los libros que he consultado (ni tampoco en Internet). Ni siquiera en la bibliografía sobre el antiguo convento de los Trinitarios Descalzos, situado en parte del solar de la actual Plaza del Cristo de Burgos, urbanizado por el arquitecto municipal D. Balbino Marrón en 1865.

sábado, 6 de febrero de 2010

Groso: Fundición y Cerrajería.

Y aquí está la prueba del triunfo empresarial de D. Manuel Groso en esta factura de abril de 1865. Sólo dos años después es el propietario de la Fundición y la Cerrajería. Añade además, por si hubiera dudas, en los Descalzos y en San Pablo. Y una nueva medalla, ésta de oro, la de la Exposición de Cádiz, celebrada poco antes (1862), donde, si no recuerdo mal, había realizado la rejería del coro de la Catedral. El proceso de fusión de las empresas de Groso y Duarte ha terminado por convertirse en un proceso de absorción de la Fundición de Hierro de los Descalzos por el primero de los dos.

Es ilustrativo observar cómo el nombre del propietario va siendo cada vez de mayor tamaño en las sucesivas facturas. En ésta las letras tienen relieve incluso. Es todo un símbolo del crecimiento de la empresa.



Para no dejar incompleta esta batalla empresarial, presento ahora al perdedor, D. José Duarte, el reverso de la moneda. Con Aspe va a crear la "Agricultora", situada en la calle Adriano, nº 3. Ignoro la fecha, porque la única factura conservada en el Archivo es ésta del 31 de diciembre de 1869.



Como se puede ver las dos facturas son muy semejantes en cuanto a su morfología. Nombre y domicilio en el centro y medallas a ambos lados. Pero los detalles secundarios las hacen completamente diferentes. La de Groso es muy sencilla frente a la de Aspe-Duarte mucho más barroca. En la del primero su nombre sólo figura como la persona a la que se debe el importe de la factura, de la forma que era tradicional en este tipo de documento. En cambio, en la de los segundos, forma parte del nombre visible de la empresa, en el centro de la viñeta. Y, por último, éstos especifican, debajo de las medallas, el catálogo de productos que ofrecen a los posibles clientes. D. Manuel parece partidario de ese concepto del comercio tradicional del "buen paño en el arca se vende". Con poner "fundición y cerrajería" basta. Para él no es necesario concretar nada más.

Un detalle más, insignificante en apariencia pero que en las próximas facturas va a cambiar inexplicablemente. La palabra "cerrajería" está escrita correctamente en la factura de Groso, como en todas las suyas anteriores, pero Aspe-Duarte la escriben con "g", de la forma que es corriente en todas las facturas de este tipo de empresas, e, incluso, como se escribía, en la época, la propia calle de este nombre de Sevilla.

Pero las facturas no son sólo papeles impresos. Están escritos y ahí palpita la vida. De pronto las facturas mensuales que se enviaban al Palacio de San Telmo dejan de ser firmadas por "Manuel Groso". La última es la del 30 de septiembre de 1865. La siguiente, del 31 de octubre, ya va firmada por "Manuel Grosso" y así las restantes. Puede haber otras razones pero la más lógica es su fallecimiento o una enfermedad que le imposibilitara la dirección de la empresa. Su hijo tomará a partir de entonces las riendas del negocio. Salvo el detalle de la firma no hay ningún otro cambio. Todo sigue igual. Las facturas se expiden con la misma regularidad y puntualidad mensual, siempre el último día de cada mes.

No es de extrañar esta continuidad, sin ningún cambio mas que el de la firma, porque, como ya he demostrado, el hijo ha debido de trabajar codo con codo con el padre y el relevo se produce sin sobresaltos, a pesar de estar en el momento clave de la consolidación del nuevo proyecto empresarial, iniciado sólo unos meses antes. A partir de ahora siempre hablaremos de Grosso. Son los nuevos tiempos y la sustitución generacional lógica de la vida humana.


Para acabar esta entrada quiero contar algo sobre esta factura en concreto. Las de Grosso fueron de las primeras que me llamaron la atención en el Archivo. El nombre me resultaba muy conocido y sus facturas destacaban sobre muchas de su época. Por gusto realicé algunas fotocopias y, más tarde, pruebas con el scaner, para ver si podía hacer algo con ellas. Todavía no tenía la idea de este blog. Un día se las enseñé a un compañero y amigo, M.B.G., que, por cierto, es quien me dio la idea de utilizar este medio y ahora me asesora y ayuda en todo lo relativo al blog. Viendo ésta me dijo "qué raro, Grosso escrito con una sóla letra s". Juro que no me había dado cuenta. Mi idea prefijada de este apellido se había superpuesto siempre a la real cuando estaba escrito sin la doble s. En ese momento caí en el detalle. Pensé primero, como ya he explicado, en un error de imprenta, pero eran muchas y de distintas épocas y ya me decidí a mirar de forma sistemática cada una para buscar una explicación. Entonces comencé a preparar estas entradas sin saberlo.

martes, 12 de enero de 2010

Rafael Esquivel y sus sellos (2)

En la década de 1860 se debieron generalizar ya el sello o membrete impreso y a color. D. Rafael no se priva de este gusto y sus cartas se decoran con unos vistosos juegos de letras. Sus iniciales, "R" y "E", en paralelo, entrelazadas o acodadas, son las protagonistas de estos membretes. Es la colección que presento ahora. Seis juegos diferentes, cada uno señalado con la fecha en que se comienza a utilizar.



Del último juego de letras debió encargar un montón y para darle variedad se hicieron en colores diferentes de los que presento otra colección, con el año también de su utilización, pero en este caso debía de haber puesto mejor el mes, porque se agotan rapidamente. Estamos en unas fechas en las que se palpa la posibilidad de un nuevo rey para España, el Duque de Montpensier, con un fuerte arraigo sanluqueño. Los proyectos de D. Rafael Esquivel Vélez en Sanlúcar son frenéticos y su pluma no debía de dar abasto.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Calle Sierpes: Abanicos, sombrillas, ... (3)

En los años de la década de 1860, si juzgamos por las compras de los Duques, sólo se mantenía esta tienda de las tres que existían en la década anterior. De las otras dos ya no se conservan facturas y de Vides y Terán hay muchas, en cambio. Además la tienda se ha ampliado ocupando el número 40 de la calle Sierpes, junto al 39 que ya tenía en las facturas anteriores.

A esta importancia que ha tomado se puede deber el encargo de un nuevo modelo de factura que, manteniendo el estilo de la anterior, la mejora sustancialmente. Fue realizada también en el mismo taller litográfico de D. Carlos Santigosa.



Es un momento adecuado para examinar la labor de éste taller litográfico. Me gustaría dedicarle con exclusividad una serie a sus facturas, de las que ya llevo presentadas unas cuantas. Cuando no sabía ni qué era este mundo de la contabilidad comercial, daba siempre la casualidad de que las facturas que me llamaban la atención solían poner en algún lado el nombre de Santigosa. Por este motivo comencé a interesarme por saber quién era y a recoger cuanta información podía encontrar.

En esta entrada podemos comparar dos creaciones propias separadas por una distancia de, más o menos, diez años. Tiempo suficiente para reconocer cómo ha cambiado el lenguaje visual utilizando las nuevas posibilidades que ofrecía la litografía aplicada a este campo de la literatura comercial.

Por lo que he podido leer me parece que su taller litográfico lo creó en 1849, aunque ya desde 1847 tenía una imprenta en la calle Sierpes, en el número 81, según reza en una de las muchas facturas del Archivo. En 1852 está fechada la del Sr. Vides y Terán que ofrecí en la primera entrada de esta serie, es, por lo tanto, una de las primeras que realiza con técnicas litográficas y se nota que todavía está muy impregnada de elementos propios de la tipografía de las viejas imprentas.

Podemos ver las diferencias entre una y otra, la de 1852, primera entrada de esta serie, y la de 1862, que es la de esta entrada. En la primera, 1852, el motivo central, es decir el bouquet de flores, es un acierto para colocar el nombre del propietario en una cinta plegada en dos dobleces, aunque deja fuera el resto de la información que se tiene que integrar mediante un delicado juego de líneas propias de la caligrafía de las imprentas. Por cierto que D. Carlos Santigosa Gaspar escribió un libro que se titulaba El pendolista universal, una especie de tratado de caligrafía para imprentas, en el que nos demuestra su capacidad para este refinado arte. Desde luego es evidente como logra integrar todos los elementos visuales de la factura con ese juego de filigranas derivadas de la caligrafía.

Otro acierto son esas panoplias laterales en las que las armas blancas (espadas, alabardas) y de fuego (escopetas, fusiles) se han sustituido por sombrillas, paraguas y bastones. Una forma visual de mostrar el producto sin necesidad de alardear con él. O si se quiere una forma de visualizar los nuevos tiempos: el viejo símbolo del señor de "horca y cuchillo", su panoplia de armas, lleno ahora de los símbolos del burgués, paraguas y bastones.

En la de 1862 se respetan estos aciertos y se mejoran. El bouquet de flores se ha ampliado, ocupando más espacio, y se han diversificado sus ejemplares. Se nota ya perfectamente la delicadeza del trabajo litográfico, la suavidad de los contrastes entre unas y otras flores y hojas, que en la anterior era todavía algo rudo. Además, con esta ampliación del ramo central, se logra integrar todo el el mensaje escrito (propietario, domicilio, ciudad, ...) en el cuerpo central y desaparecen los adornos caligráficos de la de 1852.

Otra novedad es el rótulo superior. En la de 1852 utiliza una curva simple, mientras que en la de 1862 utiliza una suave ondulación, exactamente igual que había hecho en la primera factura de La Unión (entrada anterior). Se consigue así dar mayor dinamismo al aspecto general de la factura.

De la calidad del diseño es buena prueba el que se mantenga durante treinta años con pequeñas variaciones, y que algunos elementos se hayan conservados como emblemas posteriores.

Para mi sólo un reparo. Siendo una tienda de Abanicos, Sombrillas, Paraguas, por qué un producto tan plástico, tan atractivo y tan representativo como es el abanico no fue utilizado. Es una pena, porque de otros países, sobre todo de Francia, existen facturas magníficas con este elemento de protagonista central.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Bazar Sevillano, años 60

De la década de 1860 esta es la factura del Bazar Sevillano, marzo de 1866, en la línea de todas las anteriores, sólo que ahora curva el rótulo y que el propietario es una sociedad de nombre "Arcimís y Compañía".



Es el momento de explicar mi hipótesis de trabajo.
Creo que el Bazar estaba sólidamente instalado en Cádiz, dirigido por Augusto Barthou. Ya he explicado en otra entrada anterior que el nivel comercial de esta ciudad era muy superior al de Sevilla en la primera mitad del siglo XIX. A pesar del golpe de la pérdida de las colonias americanas, la tradición comercial y burguesa gaditana se mantenía firme y lo he podido observar claramente en las compras y facturas de los Duques. Además también se puede comprobar como, a la sombra de ese repunte sevillano de los años 40, empresarios de aquella ciudad establecen sus negocios en ésta otra. Es el caso de Pickman, de Aponte, de la Litografía Alemana y de otros. Sevilla parece que tiene un futuro prometedor y recibe la aportación de empresarios foráneos, como Bonaplata, Ibarra, Lavallée, Dubuisson, Regnier, etc, atraidos por las nuevas circunstancias que está viviendo la ciudad.
Los gaditanos son unos más en este contexto y, por este motivo, no es de extrañar que el Bazar Gaditano estableciera una sucursal en Sevilla, dirigida por un hombre de absoluta confianza del propietario, llamado además a sucederle, como en otros muchos casos de empresas y comercios. Esta persona será Teodoro Arcimís, emigrante de origen griego, que se establece en la ciudad, en la calle más importante, ya en la primera mitad de la década de los 40, puesto que su hijo Augusto (es significativo que reciba este nombre idéntico al del Sr. Barthou) nació en 1844 en Sevilla. En 1849 el negocio pasa a Teodoro Arcimís, bien porque se retirara D. Augusto o porque falleciera, y se vuelve a Cádiz, la sede central de la empresa, después de dejar conolidado el negocio en Sevilla. Por este motivo su hijo, Augusto T. Arcimís, nacido en Sevilla estudia, sin embargo, en Cádiz y es, en definitiva, un vecino más de esta ciudad, como lo atestigua su biografía.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Torre del Oro (3)

Esta factura, de 1865, es también de una empresa naviera que hace el trayecto Sevilla-Marsella y sus puertos intermedios. Transporta cajas de losetas-mosaicos de la empresa valenciana Molla y Sagrera, de la que ya he presentado una factura en las entradas del mes de Julio.



Contrasta esta factura en todo con las dos anteriores, tanto la de 1857 como la de 1859. El papel es de ínfima calidad, se ha ennegrecido y transparenta el reverso de forma que, en algunos lugares, dificulta su lectura. Pero es interesante dar a conocer ese reverso y, como documento de valor histórico, lo presento aquí.



La viñeta, también muy pequeña, se puede calificar, sin lugar a duda, de arte popular, de realización ingenua, ligada a las estampas y otras representaciones similares.



El punto de vista es el mismo que en la anterior, por eso la desembocadura del río Tagarete aparece en primer término y en la otra orilla del Guadalquivir se observa mas que el perfil de Triana, por el ángulo de visión, lo que pudiera ser el Convento de los Remedios. El grabado debe ser muy anterior a la fecha de la factura porque ya hacía años que el pequeño Tagarete había sido soterrado.

Al inertir la imagen, como he hecho en la entrada anterior, me queda más inteligible y ya no creo que la otra orilla recoja el convento de los Remedios sino el inicio de Triana.

Torre del Oro (4)

Esta factura es la de un agente de aduanas llamado Aniceto García y es de 1867. Está relacionado, por tanto, también con el puerto, por lo que no tiene nada de extraño que se utilice la Torre del Oro como emblema o símbolo de la marca comercial.
Las facturas de los agentes de aduanas son habitualmente pequeñas, de tamaño algo superior a la media cuartilla, asi que la viñeta es también muy reducida. Si a esto unimos que el papel estaba en muy malas condiciones, con dobleces que lo han deteriorado, el aspecto de la factura es bastante deplorable.



De todas formas, en esta ampliación, se puede ver bien la imagen de la Torre del Oro, en lo que es, de nuevo, una representación de carácter popular, sencilla y sin sofisticación. En esta factura se vuelve a ver la Torre desde la otra orilla como en la de 1857, pero los edificios que hay detrás no parecen muy acordes con la realidad existente en 1867, aunque por la finalidad de la representación, en una viñeta tan pequeña, no era ese el aspecto más importante, sino resaltar la presencia de la Torre del Oro.



La factura ha sido realizada en la Litografía Alemana que, a partir de ahora, con Carlos Schlatter, se está afianzando en la ciudad y va a acabar sustituyendo a la Litografía de Carlos Santigosa, quien desde finales de los años 60 deja de hacer este tipo de trabajos.

jueves, 23 de julio de 2009

El segundo modelo de factura impresa de Dª Vicenta Carballo, 1865.

Este otro modelo de factura se debió de hacer en 1865. Contiene el mismo mensaje que la factura anterior pero se incluyen como modistas las hijas de Dª Vicenta que, junto a su madre, cosen para la familia de los duques.



Ahora los escudos están bajo un manto real de armiño rematado por una corona ducal. Del manto salen unas cintas que a su vez lo anudan y lo levantan para que se vean los escudos de los Orleans y los Borbones, cobijados bajo el manto. Diferentes roleos muy marcados, y algo más toscos que los de la anterior factura, aparecen encontrados y contrapuestos enmarcando el conjunto.

El taller ya no está en el nº 7 sino en el nº 6. Debió haber un cambio en la numeración de la calle Menjibar.

No aparece la empresa litográfica que lo hizo pero pienso que lo más probable es que se hiciera en el taller de Carlos Santigosa, por el estilo de la misma.

Aunque parezcan que los cambios son mínimos, ha cambiado lo más importante que es la sintaxis del diseño. Ahora lo que destaca por encima de todo es la titular del taller, con letras mucho más grandes que el resto, arriba del todo y con una curvatura que, visualmente, parece acoger en su seno el resto. Encima ahora de los escudos y rematando abajo la mención de ser proveedores de la Casa de la Duquesa, que no está dentro de una banderola. Ya no es tan apabullante como la anterior, ahora se trata de una modista que, con orgullo, expone que tiene como clienta a la Duquesa, porque en la anterior parecía que era al revés.

Otro detalle que merece la pena destacar, aunque no se si es casual o responde a una motivación concreta, es el cambio en el orden de los escudos. En la factura de 1853 (igual que en la del joyero de ese mismo año), el de los Orleáns estaba a la izquierda y en ésta a la derecha y el de los Borbones al revés. Pienso que en estas cosas los impresores y los empresarios estaban muy atentos para no cometer un error que pudiera molestar al Palacio. Nosotros, que investigamos en el Archivo, tenemos nuestra propia teoría, pero todavía está muy verde para exponerla. Lo dejamos en una simple observación, de momento.

Y por último, como ya destaqué en la otra entrada, observen que no pone la fecha. Sabemos que es abril de 1865 porque está incluida en las cuentas de ese mes, pero es un detalle muy significativo de esa confianza que tenían en Palacio con la modista de la Duquesa. La fecha y la firma del “recibí” son elementos indispensables de una factura, pero esta mujer no es una empresaria es más bien una modista al servicio de la Duquesa, que no está en las nóminas del Palacio sino que cobra por trabajos efectuados. Ya lo sugería en la entrada anterior y lo completaré en las otras.

M.D.R.D.

miércoles, 22 de julio de 2009

El tercer modelo de factura impresa de Dª Vicenta Carballo, 1867.

Este otro modelo de factura se debió de hacer en 1867. Contiene el mismo mensaje que las facturas anteriores y es casi una repetición de la anterior, de 1865. Siguen incluidas como modistas las hijas de Vicenta Carballo que, junto a su madre, cada vez deben ser más activas en el taller. Ahora los escudos siguen bajo la protección de un manto real de armiño, rematado por una corona ducal. También salen del mismo manto unas cintas que a su vez lo anudan y lo levantan para que se vean los escudos de los Orleans y los Borbones. Este conjunto, escudos y manto, es, sin embargo, de tamaño más reducido que en la anterior. Vuelven los roleos y los acantos clásicos, con un dibujo más suave, pero son ahora más abundantes para enmarcar el tema. El taller sigue en el mismo domicilio de la calle Menjibar, nº 6. El nombre de la ciudad, Sevilla, como en todas, queda muy bien destacado en la parte inferior, y en ésta tiene un adorno rodeando individualmente cada letra como si fueran encajes.



La empresa litográfica donde se imprime sí figura y es “Litº de A.M. Otal, Tetuán, 21”. Esta situada en el centro, debajo del cuerpo de la viñeta y ya dentro de la caja de la factura propiamente dicha. Un lugar inusual, por eso lo señalamos. Por el estilo parece que sigue la senda de Carlos Santigosa, por ejemplo el detalle de las letras rodeadas por encajes lo vemos en este impresor.

Para concluir esta entrada y como resumen hay que decir que a través de las muchas facturas existentes en el Archivo de esta costurera se puede estudiar perfectamente la moda del momento; los diferentes tipos de prendas, con sus variadas denominaciones, local y general; los vestidos femeninos de diario, de lujo, de fiestas, de maja, etc. Igualmente se puede seguir la evolución del comercio sevillano relacionado con la ropa y el vestido, porque en dichas facturas se recogen los comercios donde adquiría Dª Vicenta Carballo las telas, los abalorios y guarniciones de la prendas que confeccionaba. O también la utilización de tejidos importados del Lejano Oriente (la India) o de Francia, Inglaterra o comprados en España. Es mucha la información que se nos da, puesto que los encargos de la Duquesa fueron constantes a lo largo de estos veinte años. Incuso algunas de esas facturas se pueden ilustrar con la pintura o la fotografía donde la persona a la que iba destinado el vestido quedó retratada luciéndolo.

M.D.R.D.

lunes, 13 de julio de 2009

Un italiano en Triana: José Pelli

Comienzo una nueva serie de facturas de un fabricante llamado José A. Pelli Marrochetti, ligado comercial y familiarmente a otro llamado José Frapolli Pelli, ambos italianos y afincados en Andalucía.

Esta nueva serie nos permite comentar varios aspectos interesantes. Uno es la importancia de la aportación extranjera a la vida económica sevillana y, en general, andaluza. En alguna otra entrada tendré ocasión de hacer la lista de todos esos nombres que aparecen en las facturas en una proporción bastante alta, por lo menos para lo que yo imaginaba antes de comenzar a trabajar este tema.

Otro aspecto es el de la modernización de sectores artesanales tradicionales con la aportación de la nueva tecnología industrial. El caso más conocido y representativo es, lógicamente, el de Pickman, pero existen otros, y uno de ellos puede ser el de este fabricante, también extranjero, José Pelli.

Y un tercer aspecto es el de las propias facturas en si, porque nos va a permitir conocer otros modelos y tipologías distintas de las que ya hemos visto.

Ésta es la nueva factura:




es de un tejar, conocido por el del Serrano, situado en la Vega de Triana, al sitio del Turruñuelo, que elabora ladrillos, tejas y cañerías, y también “lozetas aprensadas”. El nombre del propietario sólo aparece al comenzar la factura propiamente dicha: “a Pelli y Cª, DEBE”. Al terminar la factura, se nos indica la fecha: 30 de noviembre de 1860. Con ella cometío un error quien, a principios del siglo XXI, comenzó a organizar el Archivo, que escribió a lápiz en la parte superior la fecha de NOV 1865. Fue un lapsus evidente porque estaba y está en la carpeta correspondiente a ese mes de noviembre del año 1860, pero no lo advertí en el momento de escanear el documento, sino ahora y ya lo corregiré en el original.

Podemos suponer fácilmente que es uno de esos talleres de alfarería tradicionales de Triana (Tejar del Serrano) adquirido por “Pelli y Cª” para establecerse en Sevilla y aplicar esa nueva tecnología industrial en su producción.

Lo que se factura responde a lo que se anuncia en el encabezamiento del documento: “25 ¿cajas? (es difícil de descifrar, pero es lo único que tiene lógica) de losetas blancas y encarnadas y raspadas cortadas a 12 reales y medio”. Total 312,5 reales de vellón. En el margen izquierdo, y escrito en sentido transversal, se afirma que “fueron al Palacio de Castillega”, es decir de Castilleja de la Cuesta (Sevilla). Pelli es italiano y la jota le debe costar trabajo, por eso interpreto que las “25 casas”, que es lo que yo leo, son “cajas”.

En otra factura similar, de siete años después (1867), se siguen vendiendo losetas blancas y encarnadas raspadas, pero en mucha menor cantidad, seguramente para reponer o reformar alguna dependencia del palacio.

El otro aspecto que quiero destacar es el de la propia factura. Se trata de un modelo tipográfico en el que se juega con los cambios de tipos de letras para llamar la atención. Hasta nueve tipos puedo contar, además de las diferencias de tamaños de unas y otras. Se acompaña a este recurso un adorno vegetal y geométrico para envolver los distintos temas del encabezamiento.

Es un sistema sencillo y eficaz que se utilizó mucho en las facturas sevillanas de los años 50 y 60, y que luego entró en desuso, aunque nunca llegó a abandonarse. En este tipo de factura normalmente no se indica el taller impresor donde se realizó.

domingo, 12 de julio de 2009

José Frapolli y José Pelli, 1863

Esta segunda factura de la serie corresponde al “Depósito de Mármoles de Carrara y del Reyno” de José Frapolli y podemos observar que quien firma el “recibí” es J. A. Pelli. Tiene dos fechas, una es 24 de diciembre de 1863 y la otra el 2 de enero de 1864. No es extraño pues por medio están las Navidades. Lo que se factura son dos jarrones de mármol de Carrara (Italia) a un precio de 100 liras, que traducido en reales de vellón asciende a 4.000.




José Frapolli Pelli, que así es su nombre completo, aunque nacido en Suiza es un italiano que trabaja y negocia con la piedra y, en concreto, con el mármol, y que abre su empresa en España, con centros en Málaga, que debe ser el principal, Sevilla y Bilbao, según podemos ver en una factura de fecha posterior.

Familiar suyo, primo o sobrino, es José Pelli, ya conocido, que complementa con el negocio del Tejar del Serrano, en Triana, las posibilidades de decoración en piedra del primero y que, además, debía de actuar como su representante en Sevilla, a juzgar por este documento.

La factura es sencilla y muy clara, como la anterior del Tejar del Serrano, jugando también con los diferentes tipos de letras, pero en vez de los adornos que se utilizan en ésta, se prefiere simples cartelas rectas y unos sencillos adornos que juegan con la curvatura de las letras. No soy especialista, pero yo creo que se utiliza un procedimiento litográfico para imprimirla. De cualquier forma destaca por su cuidado diseño y un notable gusto.

No es de extrañar pues José Frapolli realizó importantes obras en edificios emblemáticos de nuestra tierra. Es el caso del templete neoclásico del presbiterio de la Catedral de Cádiz, realizado entre 1862 y 1866. E igualmente significativa es otra obra suya realizada para la Catedral de Málaga. Es un tabernáculo de mármol construido en el altar mayor.

Pero no son éstas las únicas muestras de su labor. En los Cementerios de Málaga y Sevilla están catalogados distintos monumentos y lápidas funerarias, especialidad que se anuncia en el encabezamiento de la propia factura.

Así seguro que si rastreamos se deben de encontrar otras muchas muestras de sus talleres, como los dos jarrones de mármol de Carrara de nuestra factura. Por el precio que tienen, 4.000 reales de vellón, comparándolo con los de las facturas de entradas anteriores o posteriores, los jarrones debían de ser magníficos. Esa cantidad era una auténtica fortuna, que estaba al alcance de muy pocas personas.

Como ya dije al principio es también muy significativo que quien firma el “recibí” es J. A. Pelli, lo cual es la comprobación de las relaciones económico-familiares de Frapolli y Pelli, y cómo éste actuaría desde Sevilla de intermediario entre los Duques de Monpensier y aquél, además de dirigir su propia empresa.

sábado, 11 de julio de 2009

José Pelli, 1865

En 1865 ya podemos ver, a través de esta factura, como José Pelli ha abierto una nueva empresa en Sevilla, ya con su propio nombre. Se presenta como “estucador, escayolista y ornamentista en yeso y en cartón-piedra”. Tiene su domicilio en la calle Almirantazgo, nº 6, aunque, debajo y escrito a mano, pone Lombardos, 1, que es el lugar donde en próximas facturas lo veremos ubicado. Por lógica puedo deducir que de esta forma advierte de un próximo traslado, si no se ha producido ya.


En la factura hay un detalle significativo y es la medalla obtenida en la Exposición Sevillana, de 1858, patrocinada por los Duques de Montpensier. A un lado y otro de los títulos de crédito de la empresa están las dos caras de la medalla que obtuvo en el certamen. Este detalle nos indica que, ya, por lo menos, en esa fecha, o antes probablemente, estaba establecido en la ciudad.

Además ésta factura inaugura una serie en las que las medallas obtenidas en distintas Exposiciones se van incorporando al encabezamiento, hasta dar lugar a un modelo muy peculiar de factura, que yo defino como “factura medallero”.

El encargo que se expide en esta factura es un total de 32 claraboyas, para el Palacio de San Telmo. Esto me da pie a comentar el valor de estos documentos contables como testimonios históricos de primer orden. Seguro que en el edificio actual de San Telmo se pueden reconocer esas claraboyas, igual que otros elementos de los que estas facturas dan cuenta.

miércoles, 10 de junio de 2009

La gran factura de 1867

Con esta entrada llego a una factura que tiene un especial significado para mi.

En el Archivo había dos tipos de documentos: los interesantes y .... las facturas. A los primeros pertenecían la correspondencia, sobre todo, porque nos daba informaciones vivas del discurrir diario de una familia que nos permitía hacer un retrato, aunque somero, de aquella sociedad. Junto a esta correspondencia había otros documentos de entidades públicas o privadas que servían para completar esa visión. Y luego estaban las facturas, los comprobantes de cuentas, presupuestos, libros de caja, apuntes de cuentas diarias, etc. Algo tedioso y sin gracia alguna, sólo útil, pensaba yo, para estudios de historia cuantitativa, a partir de secas estadísticas. Es verdad que cualquier gasto por mínimo que fuera, incluso una propina, tenía su correspondiente papel justificativo. Aunque fueran cuatro garabatos mal escritos, allí estaba recogido en forma de factura, comprobante o justificante, según los casos. En definitiva, era algo realmente aburrido y pesado, tanto por la cantidad como por la aridez propia de ese tipo de documentación.

Pero un día, dentro de uno de esos montones de facturas y documentos contables, estaba ésta que presento. Me sorprendió reconocer de un vistazo el lugar concreto, tan familiar para mi, la calle, el puente, el nombre de la calle, hasta .... ¡el edificio en el que se cogía el autobús para Huelva! (las cocheras de Damas). Entonces caí en la cuenta que, a lo mejor, estos documentos podían tener otra lectura diferente que nos permitieran conocer el pálpito diario de la vida de una ciudad en otros tiempos. Esto es lo que pretendo hacer al trabajar este blog.

Y esta es la factura. Para mi, de verdad, ¡impresionante!



Me da la sensación de estar descubriendo el Mediterráneo, porque esta imagen tiene que ser conocida. El Almacén de Maderas tuvo una larga existencia (según las facturas conservadas en el Archivo) y de este modelo se hicieron incluso variantes. Por lo tanto se tienen que haber conservado en otros Archivos o en colecciones privadas, pero no la he visto reproducida en ningún lado y, siendo tan interesante, no me lo puedo creer.

Pero vayamos a la factura, que es lo importante. Está fechada el 30 de noviembre de 1867. Pertenece a esa categoría, que he llamado en la entrada anterior, de factura pre-cartel, es decir, con una imagen muy llamativa, del estilo que había puesto de moda, en Sevilla, la Cartuja de Pickman, exhibiendo su fábrica. En este caso, es el Almacen de Maderas en ese lugar privilegiado de la ciudad, resultado de la construcción del Puente de Triana.

El grabado tiene un cierto aire "naif", pero es bastante fiel a la realidad. Con mucha profundidad, por lo que al final de la calle Reyes Católicos, la antigua Alamedilla de la Puerta de Triana, se observa ésta, que todavía existía entonces. Si la memoria no me falla creo que esa Puerta fue derribada en 1868, un año después de la fecha de esta factura. Incluso detras se advierte la silueta del Convento de San Pablo, todavía existente entonces. Otras construcciones son fácilmente reconocibles. Lo que si me despista es esa torrecita que aparece sobre las manzanas de casas de la acera de la izquierda. No la identifico con nada y lo único que me recuerdan son esas torres miradores de las casas de la ciudad de Cádiz, construidas para avistar la llegada de los barcos. Pudiera ser algo similar, si tenemos en cuenta que delante queda el Arenal y el río.

Por la calidad de la imagen merecería la pena conocer su autor, pero no figura ningún dato, ni siquiera la imprenta donde se realizó, aunque es obvio que fue en la del Porvenir, cuyo propietario, como ya sabemos, era el Sr. Piñal. En una factura anterior, la del Sr. White, firmaba "R. Mercier", trabajando en esta imprenta, pero no me recuerda su estilo, son muy diferentes las dos facturas. Más me recuerda al autor de la factura de la Cartuja de Pickman, aunque la solución del marco de ésta de Piñal la encuentro mucho menos imaginativa que la utilizada en aquella.

No digo nada más, porque la imagen habla por si misma. Merece la pena verla una y otra vez y compararla con la realidad actual.

Sólo un detalle más, para enlazar con la próxima entrada. En el Archivo tenemos otra factura igual que ésta, pero fechada justo un año después (30-XI-1868), y la firma de quien recibe el importe del material es del hijo, D. Ramón Piñal y Alba, que, de esta forma ya comienza a hacerse cargo de los negocios del padre, aunque de forma progresiva, porque en otras facturas de los años siguientes se mantiene la firma del padre.

lunes, 8 de junio de 2009

El Almacen de Madera de D. Ramón Piñal

Vuelvo a D. Ramón Piñal Martínez después de haber repasado las facturas que salieron de su imprenta de "El Porvenir".
En los años 60 debió iniciar una nueva aventura empresarial en el sector de la madera. Así nos consta por esta primera factura que presento, del año 1865. Lo interesante es la ubicación en la calle de Segura, pero añadiendo "Alamedilla de la Puerta de Triana", una zona que está transformándose por efecto del Puente de Triana y la apertura de la calle Adriano.



Del mismo año es la segunda factura, pero el domicilio, debido seguramente a la adaptación urbana de esta zona, lleva el nombre de Reyes Católicos, y aclara "frente al Puente". Un detalle que debemos observar es la firma, porque nos servirá para identificar el momento en que el negocio se lo ceda a su hijo. Los dos se llaman Ramón Piñal y pueden confundirse, aunque éste añadirá "y Alba" para evitarlo.



Son dos facturas típicas de las que clasifico como modelos de estricta contabilidad. Son sencillas, con un encabezamiento más o menos adornado (casi siempre poco, en este modelo de factura), en el que constan los datos del nombre de la empresa, propietario y domicilio, y poco más. Nada tiene que ver con otros modelos que he presentado anteriormente en los que se intenta dar un sello de marca representativo, que llame la atención. Algo así como un pre-cartel, que sería el caso de las de White, Bonaplata o la Cartuja de Sevilla, con imágenes fáciles de recordar y asociar a la empresa. En definitiva, son muy visuales, como luego pretenderá hacer el cartel publicitario. Un tercer modelo de factura, como las que ya he presentado de Lastortres o Calvi, son las muestrario, en las que se facilitan la lista de productos o servicios que ofertan, a veces incluso con dibujos de los mismos.

domingo, 19 de abril de 2009

Sombreros



Esta tercera factura, de 1860, nos indica claramente la nueva realidad: el propietario J. Pedro Bunout y, como un recordatorio secundario, "sucesor de Sánchez y Compañía". No necesita más, ni domicilio (aunque sabemos, por la Guía de Sevilla, que lo tenía en la calle Sierpes, número 4) ni productos. Eso si, exhibe con orgullo la medalla obtenida en la Exposición que se celebró en Sevilla en el año 1858, organizada por D. Ignacio Vázquez, importante terrateniente, y patrocinada por el Duque de Montpensier. Estas medallas serán una constante en las facturas que se hagan a partir de esa fecha en otros muchos comercios.

sábado, 4 de abril de 2009

Cartuja de Sevilla



¿Qué decir de esta imagen tan característica de la cerámica Pickman? A partir de 1850 ésta es la factura que sustituye a aquélla que ofrecimos en una entrada anterior. Este perfil se va a mantener a lo largo de medio siglo como permanente sello de identidad de la fábrica, aunque con pequeñas o grandes variantes, de las que hemos podido identificar hasta un total de catorce.

Esta imagen se puede comparar con una anterior de Richard Ford dibujada a principios de los años 30 y que hemos escaneado del libro editado por la Fundación el Monte titulado La Sevilla de Richard Ford (1830-1833).


Narciso Bonaplata



Esta factura corresponde ya al año 1862. Un sencillo membrete de color azul en la parte superior izquierda sustituye ahora a la cuidada cabecera anterior. Igualmente ha desaparecido el nombre de Fundición de San Antonio, pero se mantiene la doble vertiente empresarial: fundición y textil.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Juan Bautista Calvi (2)


Esta segunda factura data de 1865. Es el mismo personaje, pero su tienda ha cambiado de domicilio, ahora está en la calle Sierpes y tiene el nombre de El Brillante. La gama de productos ofertados se ha reducido, lo que nos puede indicar una mayor especialización y una consolidadación del negocio.
No figura nombre del impresor, pero tiene la misma cuidada realización que la de unos años antes, por lo que me atrevo a atribuirsela al mismo autor, Carlos Santigosa. Basta con observar la cenefa que envuelve el nombre del empresario para darnos cuenta de que no la ha hecho un rutinario impresor sino alguien con alma de artista (igual que la anterior) que satisface las necesidades estéticas de quien regenta una empresa dedicada a las Bellas Artes y a la decoración.

viernes, 24 de octubre de 2008

Pasteles y dulces (4)



En 1869 el "Suizo" ha dejado de ser fonda y se ha convertido en Café Suizo, Restaurant y Pastelería y ademas se ha agrandado bastante a juzgar por la dirección de la factura.